Pluma invitada

Antonio Larrazábal pudo ser ejemplar presidente

Ante el actual aberrante embrollo electoral e incontrolable crisis criminales, que sin misericordia continúan azotando diariamente a los guatemaltecos que anhelan un pronto y radical cambio, medito muy seguro en el ocaso de la vida que el notable, brillante, capaz, venerable y recordado héroe nacional doctor Antonio Larrazábal pudo haber sido un histórico presidente del país, como otros distinguidos personajes ignorados por algunos exgobiernos —sí aún se les puede llamar así—, por tanto daño causado al pueblo y a sus ciudadanos.

Nacido en 1769, en la Noble y Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros, hoy Antigua Guatemala, muy joven se distinguió por su capacidad, marcando a los 13 años su carrera de Filosofía, a los 16 graduado de bachiller en Artes y Filosofía y a los 19, licenciado en Teología. Prócer de la Independencia, diputado al Congreso de la República, rector de la Real Universidad de San Carlos de Borromeo de la Antigua, Canónigo Penitenciario del Cabildo Eclesiástico Guatemalteco, licenciado en Cánones y Leyes, doctor en Teología y Derecho Pontificio, Superior del Sagrario de La Catedral, secretario de Cámara del Arzobispado de Guatemala y defensor de pueblos oprimidos.

Larrazábal fue nombrado diputado permanente del Cabildo de Guatemala ante las Cortes de Cádiz de España, creada después de 1800, tras la derrota de Napoleón, que sacudió a los españoles, integrada por personajes de los pueblos de América. Viajó desde México al Viejo Continente por casi un año, en antigua fragata de vela, sin motor, por no existir vías terrestres ni aéreas en aquellos tiempos remotos por demás difíciles, sorteando peligrosos obstáculos en mares atestados por filibusteros y azotados por violentas tempestades. Estimados lectores, nadie lo haría antes, ni nunca.

Pronto fue electo presidente de este alto organismo, en 1810, por su notoria proyección continental, luchando por la independencia de los pueblos americanos, educación pública, libertad de imprenta y abolición de la tortura y horca de los indígenas y defensor de gente pobre y humillada, preciada conquista que permanecerá siempre enmarcada en oro. Esta institución fue disuelta en 1814, por el ingreso a España del rey Fernando VII, repudiado por los españoles, delicado final que provocó asesinatos, heridos y prisioneros de muchos de sus miembros, entre ellos Larrazábal, condenado a seis años de prisión, cuyo ilegal castigo concluyó en su patria, enfermo y consumado moral y físicamente. Al recobrar su libertad fue nombrado nuevo rector de la Universidad de San Carlos.

Su reconocida imagen permanecerá siempre viva en la historia guatemalteca, centroamericana y continental; antigüeños y chapines en general, dirección, claustro de maestros, estudiantes y padres de familia del centenario Instituto Normal para Varones Antonio Larrazábal, surgido en 1874 y bautizado con su nombre en 1953; Asociación de Exalumnos Distinguidos con la Orden Antonio Larrazábal, Coordinadora de Exalumnos del Inval, profusas promociones como la constante Enrique Estrada Sandoval, 1961, y millares de egresados que destacan aquí y en el extranjero.

Una de las calles principales de Madrid, capital española, se llama Antonio Larrazábal, de manera por demás arrogante, y aquí en el Congreso de la República funciona la Casa Larrazábal, monumento histórico donde vivió por muchos años. Falleció a sus 84 años de edad, un 2 de diciembre de 1853, y sus restos mortales descansan en las bóvedas de la Catedral Metropolitana.