Pluma invitada

Diccionario Político Chapín 2019 (E-H)

Pablo Rodas Martini  @pablorodas

Les comparto la tercera parte del Diccionario Político Chapín 2019. Las dos primeras partes se pueden encontrar en el sitio web de Prensa Libre.

Elecciones. Como ir al dentista, pero no tarda una hora sino varios meses y es mucho más estridente. Lo peor es que al finalizar, usted termina tan mal como al inicio, mientras que con el dentista al menos sale con dientes más blancos.

Electorado. Una enorme, gigantesca bandada de palomas volando, a quienes los candidatos les disparan durante la campaña electoral con ametralladoras.

Encuestas electorales. Nueve de 10 son basura: las pagan o inventan los partidos; usted ya está grandote, no sea ingenuo. La décima sí es real, pero lo más probable es que esté mal hecha y salga errada. La única encuesta que habría que seguir es la que pronosticó la victoria de Jimmy Morales en la primera vuelta… ¿Existió esa encuesta?

Escrutinios. Véase Conteo electoral. Recuerde que es cuando se cuentan los votos; el momento en que a la mayoría de fiscales de mesa se les esfuma su codiciado trabajo en el gobierno. El TSE debería tener psicólogos en cada mesa (o al menos uno por centro electoral), pues muchos fiscales caen en depresiones fulminantes y severas.

Eslóganes partidarios. Esa frase corta y llamativa que cada candidato presidencial debe tener. Habrá de todo: Soy el escogido de Dios, Conmigo Guatemala será una Suiza, Los otros veinte candidatos son ladrones, No robaré ni un lapicero Bic, La Cicig a la cárcel, Yo le triplicaré su salario, Llevaré a Guatemala al mundial de futbol. El candidato presidencial con sus asesores pasan semanas ideando la mejor frase. Para los candidatos el eslogan es crítico; el plan de gobierno… ¿qué es eso?

Financiamiento político. Millones de quetzales que los caudillos que ambicionan ser presidente “invierten” en la campaña. Dinero que “invierten” los candidatos a diputados y alcaldes. Y dinero que financistas millonarios “invierten” para lograr contratos con el próximo gobierno. En otras palabras, inversión muy riesgosa —hay muchas chances de que se pierda— pero que resulta tremendamente rentable si es que se gana.

Financistas políticos. Empresas y personas millonarias que dan dinero a los cuatro o cinco candidatos con más chances para quedar asegurados. Los financistas saben, por supuesto, que solo un porcentaje se gastará en la campaña; el resto son “propinas” para los candidatos o los dueños de los partidos.
Finiquito. Documento que los políticos guardan en cajas fuertes cuando lo reciben. Si lo tienen pueden ser candidatos, si no, se los llevó el río.

Fiscales de mesa. Representantes de los partidos políticos que se aglomeran alrededor de cada mesa electoral el día de las elecciones. Ahora, con más de 20 candidatos, el TSE tendrá que construir graderíos detrás de cada mesa, pues de otra manera saber dónde se sentarán.

Fraude electoral. Historias de terror de un aciago pasado que los abuelos cuentan a sus nietos cuando no se portan bien, algo así como la leyenda de la Llorona o el Sombrerón. Ya no ocurren, pero siempre hay amagos de algunos candidatos para alcalde en municipios remotos.

Gestos partidarios. El dedo pulgar hacia arriba, la V de la victoria con los dedos índice y medio, las dos manos cruzadas como paloma, el dedo índice hacia arriba, el puño elevado, los dedos como diablo con cachos… Perdón, ese es del otro partido, el partido de las maras.

Hackers electorales. Rusos que tratan de hackear las elecciones en Estados Unidos, donde se vota de manera electrónica. Usted no se preocupe: jamás ocurrirá en Guatemala, pues la votación electrónica llegará al país cuando sus nietos sean viejos, y los rusos pensarán que Guatemala es el nombre de alguna canción o bebida tropical.

Himnos partidarios. Cursilería absoluta que algunos partidos tienen.