EDITORIAL

Región promisoria

Las tiranías no son un buen negocio, y de esto pueden dar fe las economías de Venezuela y Nicaragua, que se han derrumbado estrepitosamente a raíz del irrespeto a derechos esenciales, enquistamiento de grupúsculos en los más altos organismos del Estado y un generalizado abuso de poder. Eso debe parar porque ahuyenta las inversiones.

Quienes más deberían tomar nota de esas preocupaciones son los gobernantes de regiones con enorme potencial para el desarrollo, como Centroamérica, donde claramente al menos tres de los gobiernos afrontan duras críticas a su gestión, lo que obviamente ha ocasionado un muy peligroso estancamiento en la actividad económica.

Una de las actividades más sensibles a esos vaivenes es el turismo, principalmente en Nicaragua y Honduras, donde hubo descensos históricos en los ingresos económicos en ese rubro, pese a lo cual las autoridades poco han hecho para enderezar la situación. Costa Rica también tuvo un duro recorte de visitantes, a raíz de las recientes protestas en contra de una reforma fiscal impulsada por el Gobierno.

Pese a esos enormes obstáculos, la región tiene enormes posibilidades de atraer visitantes, como lo ha demostrado Costa Rica, con su imagen de turismo ecológico, que ha tenido un importante impacto a escala mundial. Pero este también ha sido uno de los países más seguros para los turistas, lo cual plantea retos ineludibles para destinos como Guatemala, cuyo enorme potencial se ve frenado por la conflictividad social y la inseguridad.

Estos días se llevó a cabo en Antigua Guatemala un encuentro para promocionar el turismo comunitario, el cual reunió a organizaciones locales y emprendedores, con el propósito de establecer una red regional. Los asistentes pudieron acceder a experiencias sobre desarrollo local, innovación en turismo sostenible y productividad, para buscar incrustarse en redes mayores de comercialización.

Es claro que cualquier emprendimiento en estas naciones pasa por reducir la conflictividad social, porque eso puede abrir espacios a una mayor permanencia de visitantes, como ocurre con el llamado turismo de salud, que simplemente llega al país, recibe sus tratamientos y se retira, porque no existen condiciones propicias para su estancia.

La seguridad también es clave a la hora de atraer más turismo, pues aun entre los visitantes internos existe demasiada reticencia a visitar lugares paradisiacos, por la lejanía y la ausencia de Estado, lo cual limita las posibilidades económicas en muchas regiones.

La infraestructura también debe recibir atención prioritaria, porque hoy en día la red vial es un desastre. Paralelamente se debe incentivar una mayor oferta hotelera, pero sobre todo aquella que estimule el ecoturismo, para beneficio de los comunitarios.

Costa Rica ocupa el primer lugar en visitantes extranjeros de la región, y aunque Guatemala cuenta con los mayores atractivos del área, su problemática sociopolítica se erige como una enorme barrera para el crecimiento del turismo.