EDITORIAL

Una ciudad que se resiste al cambio

Quienes se desempeñan en el campo de la arquitectura y el urbanismo tienen claro que es posible visualizar una metrópoli del futuro. Una ciudad para encarar los retos de un crecimiento desordenado, de una macrocefalia incontenible, donde sobresalen los detalles ornamentales pero se eluden las obras a profundidad.

Estos expertos no solo ven posible la realización de una ciudad futurista, sino también consideran urgente emprender acciones porque la capital ya colapsó, ha rebasado sus posibilidades y las autoridades no quieren darse cuenta o actúan de manera irresponsable al no impulsar una transformación de una parcela castigada, además, por el egocentrismo.

Criterio, más que voluntad, debe ser la hoja de ruta para quien emprenda el desafío de encarar la transformación de la urbe más grande de Centroamérica, y eso empieza con la raíz de nuestra problemática: un deficiente e insuficiente servicio de transporte urbano, y para lo cual también es indispensable salir del ostracismo citadino e involucrarse en la búsqueda de soluciones con municipios circunvecinos.

La reciente crisis en el transporte pesado es el mejor ejemplo de decisiones locales que pueden llegar a tener impacto en todo el territorio nacional, lo cual es grave si ocurrencias de esa naturaleza las tuvieran los otros 339 alcaldes del país. Una muestra de la necesidad de buscar soluciones a problemas mayores de manera consensuada y participativa.

Este acontecimiento, de efectos negativos para el país, alerta sobre la necesidad de buscar soluciones integrales, porque es impostergable poner en marcha planes para superar problemas añejos y donde deben participar muchas más autoridades. Tanto el anillo metropolitano como el nacional son obras ineludibles para facilitar la transitabilidad por rutas alternas, ante el colapso de la red vial citadina.

Otro de los grandes problemas es el transporte público, el cual, pese a recibir un millonario subsidio, nunca ha podido atender una demanda creciente de usuarios y más bien ha estimulado el aumento del parque vehicular, el mayor generador de estrés y responsable del colapso en el tránsito. Pero de nuevo, cuando se buscan soluciones, se debe volver la mirada hacia la participación y el aporte de los otros municipios.

A ojo de los expertos, ese es uno de los problemas más acuciantes para la zona central y requiere, por lo tanto, de planteamientos audaces que puedan superar la obstinación edil de verlo todo como algo muy oneroso, pues con ese criterio nunca se podrán emprender obras trascendentales. Muchas de las soluciones siempre han sido vistas como costosas, y por eso hemos asistido al agravamiento de una situación difícil de aceptar.

Es posible trabajar en una ciudad del futuro y son muchos los desafíos por superar, pero el primer paso es reconocer el problema y aceptar que se debe trabajar de manera conjunta con otras alcaldías, porque la capital ha quedado encerrada por municipios que aportan buena parte de la problemática, pero también tienen la obligación y el derecho de ser parte de la solución.