¿Qué se esconde detrás del silencio y otras actitudes de los adolescentes?

Los adolescentes pasan por una etapa de transformación. Cambios por donde quiera y a veces permanecen aislados e incomprendidos.

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El acompañamiento a los adolescentes es esencial en su formación.  (Foto Prensa Libre: prostooleh-www.freepik.es)
El acompañamiento a los adolescentes es esencial en su formación. (Foto Prensa Libre: prostooleh-www.freepik.es)

Algunos padres se relajan al ver a sus adolescentes en casa, en sus habitaciones, en silencio con sus redes sociales y sus estudios.  Aparentemente no necesitan mayores cuidados y regularmente esta actitud se le considera normal en la época de transición para llegar a la edad adulta, pero no es del todo cierto.

Los adolescentes y jóvenes tienen mucho que decir, expresarse, pero en casa se sienten atacados, incomprendidos, a diferencia de su grupo primario de amigos, que se convierten en una base en su vida, explica Nissely Herrera, maestra, psicóloga y con certificación por la Asociación de Disciplina Positiva y fundadora de Viviendo en Disciplina Positiva.

El peligro es que algunos adultos mal intencionados también se aprovechan de esa vulnerabilidad.  Se esconden detrás de una fachada de adolescentes en redes sociales y están a la espera de ellos para ganarse la confianza y recibir fotos íntimas o citarlos y abusar de ellos, entre otras situaciones, agrega Herrera.

Esa incomprensión en casa se vuelve natural, pero no lo es y por el contrario, los padres se limitan a conductas amenazadoras, más exigentes y ellos sienten en ese momento su corazón más alejado de casa, dice la experta, quien atiende a personas en estas edades en su consulta diaria.

Podrían ser detalles como que a los padres no les guste que los jóvenes usen una aplicación como  Tik Tok y si presionan e insisten demasiado a que se salga de ella, probablemente lo único que harán es ellos es buscar la manera de seguir haciéndolo sin que los vean.

Y en la pandemia

La pandemia es otra situación que se vive actualmente y que viene a sumar la crisis.   La magister Cristina Bolaños, titular del curso práctico de intervención psicológica supervisada de la licenciatura en Psicología clínica, de la Universidad Rafael Landívar explica que por la pandemia el mundo está actualmente está viviendo un estrés crónico que aumenta ciertas conductas.

Los adolescentes no han tenido mayor problema en adaptarse a la vida a través de las pantallas porque eso ya era en parte una manera de su diario vivir, pero el covid-19 si podría ser una etapa que afecte el descubrimiento de su identidad y afectar esta etapa en que se está reencontrando a sí mismo por el impacto de dejar su rutina habitual.

Los jóvenes necesitan no sentirse juzgados. (Foto Prensa Libre: Julia M Cameron/Pexels).

Según un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, que ha analizado las características de más de 2 mil personas de toda España, contempla que las mujeres, los solteros, adolescentes y jóvenes son las personas que peor han vivido el confinamiento por la epidemia de la covid-19.

El insomnio, ansiedad y depresión son parte de la vida de muchos adolescentes en este vivir del confinamiento.  También en España el Instituto de la Juventud, Injuve y la Red para la Promoción de la Salud Mental y el Bienestar Emocional en los Adolescentes, Red Proem estima que el 50% de los adolescentes españoles sufren problemas de tipo emocional, un tema a discusión durante la Jornada virtual sobre promoción de la salud y el bienestar de la juventud.

Herrera ha encontrado en sus pacientes en Guatemala que el confinamiento que ha permitido en ocasiones que todos compartan en el hogar, deja un vacío en los jóvenes que ven a sus padres en casa, pero ausentes.  No se comparte y algunos sí lo recienten.

Para comprender a los jóvenes

Bolaños explica que bajo la psicología evolutiva y del desarrollo se explica que la adolescencia actualmente está viviendo una etapa más larga.  Antes se consideraba que esta llegaba a concluir aproximadamente a los 18 años, pero las nuevas investigaciones ha puesto en evidencia que a nivel físico y cerebral ese desarrollo y formación concluye entre los 20 y algunos plantean que hasta los 25.

Aunque el cerebro deja de crecer, no termina de desarrollarse y madurar sino hasta estas edades. La parte frontal del cerebro es una de las últimas en terminar de desarrollarse y se considera que ahí se terminan de desarrollar las habilidades como planificar, establecer prioridades y controlar impulsos. Debido a que estas aún se están desarrollando, es más probable que los adolescentes participen en comportamientos arriesgados sin tener en cuenta los posibles resultados de sus decisiones.

Así que existe una razón física que explica el comportamiento de los jóvenes. Ellos serán más impulsivos y con reacciones más viscerales, con regularidad serán retadores con la autoridad, tienen cierta dificultad para regular sus emociones, podrían tener bajo rendimiento en tareas de concentración, memoria, así como ser atraídos por estímulos novedosos e intensos.   Sus grupos de amigos son importantes y quieren pertenecer a ellos y sí se da cierto distanciamiento de sus padres.

Sumado a ello buscan su independencia mientras su cuerpo también cambia.  Llega la menstruación, crece el vello púbico, los genitales cambian entre otros detalles.

Cómo acompañarlos en esta fase

Para Bolaños la comunicación asertiva es fundamental, explica que los jóvenes tienden a buscar en Internet la solución a sus problemas y aunque algunas páginas o sitios podrían ser grandes herramientas, otras podrían ser contradictorias.  El ideal es aprender a escucharlos, ser flexibles y también tener límites para ellos.

Recomienda a los padres desarrollar paciencia y tolerancia.  “Los padres se convierten en guías para acompañar los cambios y generarles sentido de aceptación.  También aclara que la generación y la cultura es distinta a la que se vivió cuando los padres crecieron y es necesario estar conscientes de ellos.

Los expertos también sugieren evitar compararlos con otros o con la experiencia personal.

Herrera menciona que “la mayor valentía esta en reconocer que lo que se está haciendo como padre y si no está funcionando”, al evaluar si se está siendo la mamá o el papá que queremos o teniendo una relación sana con los hijos y cuestionarse si existen cosas que podrían hacerse diferentes.

En general los padres de adolescentes tienen una gran resistencia al cambio, dice Herrera.  Existe temor de ser amables con los hijos y se cree que las cosas saldrán de control.

El ideal es escucharlos no juzgarlos sino prestar atención a sus gustos, a sus amigos y enseñarles a tener buen criterio para la toma de decisiones  Es importante negociar con ellos y llegar a acuerdos.

Casos como las adicciones, trastornos alimenticios y la depresión requieren de apoyo con especialistas.  Preste atención a detalles, cosas como no comer, no son pasajeras de la edad sino mensajes para prestar atención.

Herrera también participa en el proyecto La tribú saludable, de la nutricionista Lucía Arrivillaga.  En este grupo se aprende de alimentación sana, ejercicios y cómo atraer la salud, en los talleres que se desarrollan Herrera explica que algunos de los participantes llevan desde 10 hasta 20 años peleando con su cuerpo y su peso por cuestiones que empezaron justo en la etapa de adolescencia.

“Lo mejor como padres es acercarse con honestidad, de la mejor manera, reconocer que no se tienen todas las respuestas y decirles a ellos que en ocasiones no se sabe qué hacer y es la primera vez que se tiene un hijo adolescente, o bien que cada hijo es diferente”, agrega Herrera.

También es necesario reconocer cuándo ir al psicólogo.   Esta decisión en los adultos puede hacerse desde el momento que los problemas personales o de pareja empiezan a influir negativamente en la dinámica familiar.  Si se busca ayuda psicológica para los hijos, es necesario estar conscientes que toda la familia debe participar en esa dinámica.

“No hay un manual, los padres también pueden equivocarse muchas veces, pero el gran valor es en aceptarlo y mostrarse humanos, retomar el camino y ser comprensibles con los hijos”, dice Herrera.   Los expertos recomiendan estudiar sobre sus procesos de crecimiento, buscar talleres, libros y otras herramientas para entenderlos mejor y que los ayuden a ser mejores padres.  “No hay que darse por vencidos porque siempre se puede mejorar”, concluye Herrera.

Conozca más del cerebro de los adolescentes

El National Institute of Mental Health, en Estados Unidos comparte siete detalles del cerebro de los adolescentes.  Uno de ellos es que  tiene mucha plasticidad, lo que significa que puede cambiar y adaptarse con facilidad.  Así que las actividades académicas o mentales desafiantes, el ejercicio y las actividades creativas, como el arte ayudan al cerebro a madurar y aprender.

  1. Un cerebro que se modifica y se desarrolla cada día. En el caso de las niñas, el cerebro alcanza su mayor tamaño alrededor de los 11 años, mientras que en los niños ocurre alrededor de los 14 años. Esta diferencia no influye en la inteligencia.
  2.  La madurez del cerebro.  Aunque este órgano deja de crecer, no termina de desarrollarse y madurar sino hasta que se alcanzan los 25 a 30 años de edad. La parte frontal del cerebro es una de las últimas en terminar de desarrollarse y se considera  habilidades como planificar, establecer prioridades y controlar impulsos. Debido a que estas habilidades aún se están desarrollando, es más probable que los adolescentes se arriesguen más sin ver límites.
  3.  Muchos trastornos mentales aparecen durante la adolescencia.  Los cambios continuos en el cerebro, junto con los cambios físicos, emocionales y sociales, pueden hacer que los adolescentes sean vulnerables a problemas de salud mental. Se han visto los primeros rasgos de  esquizofrenia, ansiedad, depresión, trastorno bipolar y trastornos alimentarios.
  4.  El cerebro adolescente puede ser más susceptible al estrés. Lo anterior podría ocasionarles episodios de más ansiedad y depresión.
  5.  Los adolescentes necesitan dormir más horas que los niños y los adultos. Las investigaciones muestran que las concentraciones de melatonina o la hormona del sueño en la sangre de los adolescentes son naturalmente más altas más tarde por las noches y caen más tarde por las mañanas que en el resto de la vida. Esta diferencia hace que ellos se queden despiertos hasta tarde y les cuesta levantarse por la mañana. Los adolescentes deberían de dormir entre 9 y 10 horas por noche.  La falta de sueño puede dificultar la atención, aumentar la impulsividad e incrementar el riesgo de irritabilidad o depresión.
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