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Ancestrales montículos en la ciudad de Guatemala

El Valle de la Ermita o de la Virgen estuvo ocupado en toda su extensión por habitantes prehispánicos de Kaminaljuyú. En muchas partes de la ciudad aún quedan evidencias de aquella época.

Ancestrales montículos en la ciudad de Guatemala

El acueducto de Pinula, que abastecía de agua a la ciudad de Guatemala y del cual quedan algunos vestigios, fue construido por Bernardo Ramírez, luego de que la ciudad se trasladara, en 1776, sobre el Montículo de la Culebra, el monumento prehispánico más largo de Mesoamérica, de 4 km de longitud. (Foto, Hemeroteca PL)

La magnificencia de de Kaminaljuyú se evidenciaba por ser una ciudad de gran tamaño que se extendió por todo el Valle de la Ermita, y fuera de sus límites, y donde los habitantes prehispánicos vivieron y construyeron estructuras arquitectónicas conocidas como montículos.

Es muy probable que las Tierras Altas Centrales, que incluyen a Guatemala, Chimaltenango y Sacatepéquez, brindaran un rico hábitat a cazadores y recolectores preagrícolas, quizás desde el año 9000 a. C., se expone en la Historia General de Guatemala. Una punta pequeña de flecha de obsidiana fue descubierta a 12 km al oeste de la ciudad de Guatemala, que data de hace unos 11 mil años.

Según la investigación Kaminaljuyú, edición especial, del Ministerio de Cultura y Deportes (2009), este sitio, ubicado al suroeste de la ciudad, constaba de más de 200 montículos o bases para templos y palacios, distribuidos sobre un área de 5 km cuadrados. Casi todos fueron destruidos para levantar la actual metrópoli.

La arqueóloga e investigadora Yvonne Putzeys, exdirectora del Instituto de Antropología e Historia (Idaeh), refiere que los montículos se comenzaron a destruir desde el traslado de la ciudad, en 1776. “La historia de Kaminaljuyú inició en el 1200 a. C., en el Preclásico Temprano, y se prolongó hasta el Clásico Tardío, en el 700 d. C.”, añade.

Era una ciudad consolidada, que puede compararse con Nueva York o Los Ángeles, dividida en zonas tributarias y urbanizaciones independientes”, señala Putzeys, quien afirma que no le envidiaba nada a Tikal o Palenque. Su gran auge se debió, principalmente, a la explotación y comercialización de artefactos de obsidiana de excelente calidad, que extraían de El Chayal, actual km 33, ruta al Atlántico.

En la antigua capital había muchas lagunas pequeñas que fueron condicionantes para su desarrollo, por lo que la mayoría de piezas representadas y halladas por la ciudad son sapos y ranas, animales que viven la mayor parte del tiempo en fuentes de agua. “En el lugar donde se construyó el Centro Comercial de la Zona 4 seguramente había un montículo cerca de una laguna, pues se encontró gran número de esculturas de sapo que medían desde 10 cm hasta más de 2 metros de altura”, refiere.

En el Posclásico Tardío —1200 d. C. a 1524 d. C.— el tipo más común de planificación urbanística en el Valle de Guatemala consistió en grupos de uno a cinco montículos, dispuestos informalmente, encerrados, en parte, por terraplenes, por lo general asentados en lomas o promontorios.

Los montículos que construían los antiguos habitantes de Kaminaljuyú eran edificios formados con bloques de talpetate, un barro de consistencia muy dura que se encuentra a unos 4 metros de profundidad, de los cuales, el 99% tiene arquitectura definida, y que tenían usos domésticos, defensivos o rituales.

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Montículos que se ubicaban en la zona 7 y que desaparecieron al levantarse construcciones modernas. Al fondo se observa la casa del historiador José Antonio Villacorta. Esta foto data de 1942. (Foto, cortesía del Museo Nacional de Historia)

El arqueólogo Rubén Larios indica que Kaminaljuyú no se circunscribe a los montículos ubicados en la zona 7, pues estos solo constituían el epicentro de la metrópoli que se extendía por todo el Valle de la Ermita. También pueden encontrarse montículos en Villa Canales, Santa Catarina Pinula y Palencia, entre otros lugares.

Por ejemplo, al suroeste del Naranjo, sitio periférico de Kaminaljuyú, en Mixco, se localiza Rosario-Naranjo, conocido como Tulam Tzu, donde se cree que hubo un área de mayor importancia en el Preclásico Medio —1000 a. C. al 400 a. C.—, pues tenía cinco montículos originales y varios monumentos lisos, exponen Carlos Navarrete y Luis Luján Muñoz en su libro El gran Montículo de la Culebra en el Valle de Guatemala.

También mencionan la presencia de dos montículos del Preclásico Medio, donde actualmente está el Hospital Bella Aurora, zona 14. Así mismo, en la finca Las Charcas, zona 11, hubo una densa ocupación prehispánica y organización sociopolítica compleja, de donde se recuperaron muchos artefactos, al igual que en Piedra Parada, San José Pinula y Canchón, cerca de Fraijanes.

Los sitios Bran y Cruz de Cotió podrían tener relación con El Naranjo, pero la mayoría de esos lugares ha desaparecido bajo construcciones modernas.

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Piezas de obsidiana, recuperadas en el proyecto de rescate arqueológico de la 1a. calle y 6a. avenida, zona 10, en el 2017. (Foto Prensa Libre, cortesía de Yvonne Putzeys)

En la Usac

Según el artículo Desarrollos locales de los sitios periféricos de Kaminaljuyú: una perspectiva desde el sitio El Mulato, de Gustavo Martínez y Tania Cabrera (1999), en el Valle de Guatemala se encuentran unos 50 sitios periféricos reportados que, aparentemente, son parte del dominio político de Kaminaljuyú, la mayoría de los cuales se ha perdido, debido al crecimiento desordenado de la ciudad.

Uno de ellos es El Mulato, en la Ciudad Universitaria, zona 12, localizado en el área constructiva de los edificios S-11, S-9, M-8, T-13, T-12 y M-7. Los antiguos constructores comenzaron a excavar una plaza de forma octogonal y la tierra que extrajeron se utilizó para construir un montículo único a lo largo de seis segmentos, y de una altura bastante pareja, de 2.5 a 3.5 metros.

La arquitectura definida tuvo un desarrollo tecnológico complejo, similar al centro de Kaminaljuyú. La plaza está compuesta de barro y arena, que data del Preclásico Tardío —400 a. C. a 300 d. C.—, sobre la cual se colocó otra capa de barro, arena y talpetate.

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En la llamada Plaza Hundida se encontró un entierro de élite, con ofrendas. Pero los edificios actuales se construyeron sobre áreas domésticas prehispánicas. Sobrevivió parte de un montículo, denominado San Carlos por los arqueólogos.
En el artículo Oasis en el Valle Central de Guatemala: explorando las barrancas y manantiales, de José Emanuel Van Haute y Javier Estrada de la Cerda (2015), el Valle Central de Guatemala comprende un espacio rico en recursos naturales.

Ante la vasta cantidad de barrancas y manantiales en el valle, la interacción entre los pobladores prehispánicos con estos entornos naturales fue intensa. Por un lado, las características topográficas influyeron en la distribución espacial y el arreglo urbano de los centros. Algunos espacios se aprovecharon con usos específicos como campos de cultivo, áreas residenciales, espacios urbanos, plazas, templos, centros ceremoniales y cívicos, canchas de juego de pelota, fortalezas o murallas defensivas.

Para el Preclásico —2000 a. C. al 300 d. C.—, los centros urbanos se concentraron hacia el centro, sureste y suroeste del valle, ocupando espacios abiertos, generalmente mesetas.

Muchos de los centros preclásicos se ubicaron próximos a cuerpos de agua —lagunas Miraflores, Naranjo, Las Charcas, Hospital General San Juan de Dios, Mercado La Placita, Obelisco, Terminal, Tívoli, Guadalupe y Ciudad Universitaria—, aprovechando los valiosos recursos lacustres.

Para el Clásico Tardío —500 d. C. al 900 d. C.— existió una densa concentración de sitios en el centro-norte y centro-noroeste del valle. La mayoría de estos se ubicó en la parte norte de la Meseta Central y se caracterizaron por tener un núcleo urbano compuesto por una plaza cerrada o un patio de juego de pelota. Las fachadas fueron recubiertas con piedras basálticas de canto rodado con rellenos de piedra pómez y bloques tallados de talpetate.

En el libro Crónicas de la Asunción, datos para la historia de la ciudad de Guatemala, del historiador y sociólogo Aníbal Chajón (2016), se refiere que Kaminaljuyú significa cerro de los muertos, nombre que fue asignado por investigadores del siglo XX, pues no se ha identificado su nombre original.

Hacia el año 650 a. C. se inició la construcción de un sistema de canales para la distribución del agua de la laguna. El llamado canal Miraflores tenía la finalidad de irrigar la parte sur de la laguna —en dirección al actual Anillo Periférico— y pudo alcanzar un km de largo.

Hacia el año 200 a. C., la laguna empezó a disminuir, por lo que el canal fue rellenado, después de cuatro siglos de uso, pero continuó el éxito agrícola y comercial de la ciudad. Se erigieron numerosos edificios y hubo expansión hacia el oriente. Esta fue la época de mayor desarrollo de la metrópoli, cuando se construyeron muchos de sus edificios y monumentos esculpidos en idioma cholano, similar al utilizado siglos después en Petén, dice Chajón.

Montículo de la Culebra

Según el artículo Rescate arqueológico en el Montículo de la Culebra y el Acueducto de Pinula: dos montículos en agonía, de Judith Valle (2007), el Montículo de La Culebra se encuentra al sureste de la ciudad de Guatemala y es límite entre las zonas 9 y 13, al oeste, y 10 y 14, al este, tomando como punto de referencia la Avenida de Las Américas.

Es una elevación de tierra apisonada que alcanza una altura superior a 12 metros, con una longitud de 4 km, desde el actual monumento a Tecún Umán hasta Santa Catarina Pinula. Esta importante obra de ingeniería maya pasó ignorada durante cuatro siglos, aun cuando Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán la mencionaba desde el siglo XVII.

Es considerado el montículo más grande de Mesoamérica y ha sido destruido y mutilado como materia prima o para prolongación de pasos vehiculares. La cimentación del Acueducto de Pinula está sostenida por el montículo, en el cual se ha localizado piso de barro café rojizo, vasijas, plataforma, dos estructuras con escalinatas y cuerpos escalonados. Solo una tercera parte está unida con un solo montículo, el resto aparenta ser una serie de montículos alineados.

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El acueducto de Pinula, que abastecería de agua a la ciudad de Guatemala y del cual quedan algunos vestigios, fue construido por Bernardo Ramírez, luego que la ciudad de trasladada, en 1776, sobre el Montículo de la Culebra, el monumento prehispánico más largo de Mesoamérica, de 4 km de longitud. Foto Hemeroteca PL

Además, tenía escalinatas en algunas partes. Se cree que pudo haberse utilizado para eventos públicos o ceremoniales, muralla de defensa, límite de tierras o canal hidráulico para retención de agua.

El arquitecto Bernardo Ramírez lo aprovechó para asentar el Acueducto de Pinula, a fin de proveer de agua a la nueva ciudad, y su construcción se inició en 1777 y terminó en 1789.

Cementerio General

Según el artículo ¿Enterrar = olvidar? arqueología histórica en el cuadrante “Los Cerritos” del Cementerio General de Guatemala, de Karen Pereira, Doris Valenzuela y Jenny Guerra (2004), esta área alberga una serie de montículos prehispánicos que rodean una antigua plaza y un posible juego de pelota. Los montículos principales están unidos mediante cuerpos alargados que fueron aprovechados a finales del siglo XIX para erigir las tumbas de personajes ilustres cuando se inauguró el Cementerio General, en 1881. Después de los terremotos de 1917-1918, el cuadrante cambió para albergar más sepulturas en las cimas de los montículos.

 

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El interior del montículo 1 fue vaciado para construir el mausoleo de Justo Rufino Barrios, inaugurado en 1892. Foto Hemeroteca PL

Otros lugares

El edificio El Cielito, 7a. avenida y 18 calle, zona 1, parece haber sido un montículo de Kaminaljuyú, según se expone en la obra Por los senderos de la Nueva Guatemala de la Asunción, de Aníbal Chajón (2012). El lugar fue aplanado lentamente. Las primeras referencias de su demolición corresponden a 1896. En 1924 aún estaba en proceso de derrumbamiento. Era propiedad de la familia Ibargüen, que contrató a la oficina de Roberto Hoegg para la construcción de un edificio para comercios, el cual abarcó toda la manzana.

Chajón asevera que el camellón en la colonia Jardines de la Asunción, zona 5, evidencia restos de un montículo.
Por las descripciones de algunos vecinos del barrio Moderno, zona 2, sobre los juegos infantiles de resbaladero en “montañitas” y por algunos restos identificados al efectuar remociones de tierra en Ciudad Nueva se ha establecido que era zona de montículos prehispánicos, aunque nunca se hicieron estudios arqueológicos al respecto.

La loma de Buena Vista, que se utilizó como Guarda Nuevo, seguramente era un montículo que fue demolido para construir un fuerte durante el gobierno de Rafael Carrera, edificado entre 1843 y 1846. En ese lugar, actualmente se encuentra el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias.

También, probablemente, en el sitio donde se construyó el Estadio Escolar, concluido en 1932, conocido después como Autonomía y, por un tiempo, Aurora, también había otro montículo, del cual removieron 9 mil metros cúbicos de tierra. El estadio fue demolido y en su lugar se erigió el edificio del Crédito Hipotecario Nacional, inaugurado en 1965, y el Banco de Guatemala, edificado entre 1962 y 1966.

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Edificio del Crédito Hipotecario Nacional. Foto Hemeroteca PL

La zona 15 es un área de importancia histórica prehispánica. En el lugar, entre el actual Colegio Americano y la aldea Concepción Las Lomas —adyacente a la Universidad Rafael Landívar— existió un sitio arqueológico con ocupación entre 500 y 800 d. C. Se identificaron un juego de pelota, lo que evidencia importancia política, y varias estructuras en arquitectura de arcilla.

El área de San Gaspar se extendió de la 21 a la 26 calles de la zona 1 y constaba de dos vías convergentes. Durante el período prehispánico también estuvo ocupada. Sobre la eminencia después conocida como Guarda Nuevo y, posteriormente, Santa Cecilia, se levantaba un montículo sobre cuya cúspide se construyó la primera capilla a la Santa Faz, a finales del siglo XIX.

Esto se conoce gracias a fotografías de la primera mitad del siglo XX que evidencian que era una edificación en arcilla, típica de Kaminaljuyú. Tanto los remanentes del montículo como el templo fueron demolidos para levantar el edificio actual, iniciado en 1961. Las otras construcciones, incluyendo el fuerte de San José, no dejaron registro de montículos, pero eso no significa que no existieran, solamente fueron demolidos.

Debajo de la colonia La Reformita, zona 12, existió un núcleo urbano del cual se preservaron seis restos de estructuras piramidales que rodeaban una plaza rectangular. Su ocupación se prolongó desde el 2000 a. C. hasta el 200 d. C. Fue destruido al construirse las viviendas actuales.

En la aldea Guajitos, al oeste de la ciudad, donde funcionó la estación del ferrocarril, también se localizó otro sitio arqueológico. La principal época de ocupación fue del 500 a. C. al 100 d. C.

En Las Charcas, zona 11, a dos cuadras de la actual calzada Roosevelt, se encontraron los vestigios cerámicos más antiguos de Kaminaljuyú, lo que dio el nombre a la fase histórica Las Charcas, fechada entre el 1000 a. C. y 400 a. C.
También hubo montículos en la calzada San Juan y en centros comerciales como PeriRoosevelt y Majadas.

Para la construcción del Hospital Roosevelt, que comenzó en 1944, se demolieron estructuras de la antigua Kaminaljuyú en la finca Esperanza, de la cual se tomó el apelativo para una fase histórica de la ciudad prehispánica. Se excavaron 12 mil metros cúbicos de material —restos de las estructuras piramidales— para los sótanos. “Eran estructuras grandes, de 7.8 metros de altura”, dice Putzeys.

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Vista del área donde fue construido el Hospital Roosevelt. En este lugar había montículos de gran altura. La arboleda que se ve al fondo era la entrada.
(Foto Prensa Libre, cortesía de Museo Nacional de Historia)

Sin embargo, en el informe Kaminaljuyú, edición especial (2009), se expone que los dos montículos identificados no se encontraban en el sitio que ocupa el Hospital Roosevelt, sino en la colonia Landívar, zona 7, según mapa de la Municipalidad de Guatemala de 1967.

En 1960 se urbanizó la finca Miraflores, donde, en 1926, el arqueólogo Miguel Gamio encontró parte de Kaminaljuyú y se le dio el nombre de la finca a otra fase arqueológica del sitio. En 1967, entre denuncias en la segunda mitad del siglo XX, se reportó la destrucción de montículos en la zona para extraer arcilla para fabricar adobe y ladrillo, con la consecuente pérdida de objetos invaluables.

El Trébol es la confluencia de las zonas 7, 8, 11 y 12, área en la cual se encuentran diseminados restos de Kaminaljuyú, la mayoría de los cuales ha desaparecido por construcciones recientes. En la zona 3, a lo largo de la Avenida del Cementerio, se reportaron montículos que fueron demolidos para construir viviendas.

Putzeys refiere que el montículo más alto de Kaminaljuyú se encontraba en el lugar que ocupa actualmente el mercado de la colonia Castillo Lara, zona 7, que tenía más de 15 metros de altura.

Centro Histórico

En la zona 1, en el Parque Centenario, la Plaza Mayor y parte de la Catedral Metropolitana había una aguada o laguna artificial y también se da cuenta de otro montículo en la 8a. avenida y 12 calle, detrás del actual edificio de Correos, y el último reportado es el del parque Enrique Gómez Carrillo.

Larios participó en las excavaciones de este sitio en 1999 y refiere que, según fuentes documentales de 1877, del cerro del Jardín Concordia se tomó tierra para rellenar un desnivel de la actual Plaza de la Constitución, por lo que es probable que se tratara de un montículo. Este fue el primer proyecto arqueológico de rescate de la ciudad. Así mismo, en ese lugar se encontraron remanentes de una iglesia de El Calvario.

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Excavaciones en el parque Enrique Gómez Carrillo, en 1999, construido sobre un cerro que pudo ser un montículo. (Foto Prensa Libre, Rubén Larios)

Putzeys afirma que se halló cerámica y obsidiana durante excavaciones efectuadas en el 2014 en el edificio Lido, 11 calle y 7a. avenida, que pertenecían al Preclásico Medio —1000 a. C. al 400 a. C.—. Además, durante unas modificaciones urbanas frente a la Catedral Metropolitana, en las que ella participó, hallaron piezas prehispánicas asociadas a Kaminaljuyú, por lo que pudo haber allí otro montículo. También se encontraron piezas en el callejón del Santuario de Guadalupe, 1a. avenida y 8a. calle.

Protección

  • Los montículos, así como otros remanentes prehispánicos, están protegidos de acuerdo con la ley.
  • A partir de la creación del Idaeh, en 1946, rige un marco legal para proteger todos los vestigios prehispánicos del Valle de la Ermita o de la Virgen.
  • En Guatemala, la Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación, de 1997, establece que los vestigios arqueológicos en el territorio nacional se consideran bienes nacionales y están bajo la protección estatal.
  • En esta ley hay regulaciones más estrictas para el desarrollo arquitectónico urbanístico en lugares de la capital donde pueda haber remanentes prehispánicos, coloniales y republicanos.
  • Kaminaljuyú tiene su propia normativa de protección para garantizar su preservación y evitar su destrucción, según Acuerdo de Protección de Kaminaljuyú, emitido en 1964, que incluye montículos fuera de este sitio.

 

 

ESCRITO POR:

Brenda Martínez

Periodista de Prensa Libre especializada en historia y antropología con 16 años de experiencia. Reconocida con el premio a Mejor Reportaje del Año de Prensa Libre en tres ocasiones.