Veinticinco

Opinión

Esta semana cumplo 25 años de publicar la columna Ideas en el diario Prensa Libre. Imbuidos en el diario trajín, no nos damos cuenta del paso del tiempo pero, inexorablemente, el tiempo avanza y vuela. Apenas me parece ayer cuando inicié esta aventura y ahora resulta que ya pasaron 25 años. Para mí es un momento de reflexión y de agradecimiento por todas las experiencias vividas a lo largo de este tiempo. Mi agradecimiento a toda la familia de Prensa Libre, en especial a sus propietarios y sus directores, por haber confiado en mí durante todo este tiempo y a mis editores por aguantarme.

Artículo dedicado a don Julio Cintrón

Opinión

No conozco a don Julio Cintrón. Pero a causa de haberme enviado un mensaje por la vía del Facebook, creo adecuado tomar un poco de mi tiempo para darle algunas explicaciones. Según él, yo escribí una columna “contra los que escriben u opinan en las redes sociales”. No es así, don Julio. Estoy en contra del anonimato con el cual están envueltas prácticamente la totalidad de los mensajes enviados por esa vía, pero como él firma, no debe sentirse aludido. Tampoco los he calificado de “estúpidos, ignorantes, peligrosos, irresponsables”, como él afirma. Los he llamado, eso sí, cobardes, porque quien envía un mensaje con cualquier motivo, pero no lo firma, demuestra cobardía, es decir “falta de valor y de ánimo”.

Nuevas voces en defensa de un derecho

Opinión

Ayer fueron publicados dos trabajos sobre la defensa del derecho ciudadano a tener un periodismo independiente y la protección al de decidir, entre diversos comentarios, cuál toma en cuenta. Son ambas acciones personales y por ello subjetivas. Las últimas frases son dignas de meditación. Eduardo Mayora Alvarado dice en su columna de Prensa Libre: “Yo me pregunto ¿puede la prensa dejar de ser crítica de esa doble realidad de la vida nacional?”. Y Mario Mérida, en su columna de El Periódico, señala: “El esfuerzo de aclarar… contribuye al reconocimiento de los medios de comunicación, orienta las pesquisas del MP, rescata la dignidad de los señalados o termina de condenarlos ante la sociedad. Pero, fundamentalmente, destruye las conspiraciones a través de las redes sociales”.

Columnas de prensa no son esfuerzo inútil

Opinión

Durante una conversación sostenida con algunos amigos hace dos semanas, uno de ellos dijo una frase: “las columnas y editoriales de prensa, así como los programas televisados y radiales para analizar la situación del país, en realidad son un esfuerzo inútil. Nadie les hace caso”. Cuando yo escucho opiniones diametralmente opuestas a la mía, tengo la costumbre de analizarlas, con el fin de sostener mis criterios o cambiarlos parcial o totalmente. El primer punto de mi análisis se refirió a cuál es el o los objetivos de escribirlas y publicarlas. Puedo mencionar, conforme van llegando a mi mente: una dosis de vanidad, o de deseo de darle al lector o al escucha criterios para permitirle igualmente afianzar o cambiar total o parcialmente los propios.

El ABC de la pobreza en Guatemala

Opinión

Estos son los principales elementos que causan pobreza: el colonialismo, la esclavitud, la guerra, la estratificación social, la exclusión/marginación social, productividad sin equidad, la corrupción, el cambio climático, las enfermedades y epidemias, la discriminación de género y la incapacidad gubernativa para implementar políticas públicas exitosas. Y estos son los efectos directos de la pobreza: los pobres no tienen acceso suficiente a la alimentación, la vivienda y los servicios. Los pobres siempre están marginados del circuito económico y del sistema político de su país. Los conceptos comunes utilizados para describir la pobreza son: según el Banco Mundial, padecen pobreza extrema las personas que viven con menos de 1 dólar al día. Pobreza moderada la padecen personas que viven con menos de 2 dólares al día. Para los centros de investigación no conservadores, la pobreza extrema afecta a personas que utilizan todo su ingreso para comida y aun así no logran alimentarse. Pobreza no extrema es la que afecta a personas que utilizan todo su ingreso únicamente para alimentación.

Esto nos pasa

Opinión

Pregunta él, lo dice: ¿qué les pasa? Gesticula y articula, comunica que no logra comprender. Cierta su duda o no, y sobreactuada como es su discursiva, me permito, brevemente, dar una explicación. Y es que esto, señor, como lo entiendo, es lo que nos pasa.

La ruta política de nuestro pueblo

Opinión

Guatemala vive la peor crisis de su historia. Admitirlo para pactar todos por un cambio inmediato y radical es imprescindible. Nuestro sistema político se convirtió en el más corrupto y disfuncional de toda América Latina. El modelo económico sigue basado en la exportación de productos agropecuarios y dependiente de un factor externo volátil como son las remesas familiares. Nuestra cultura se ha ido degradando severamente, la mayoría de la población rechaza la educación sistemática; tanto el sistema educativo público como el privado son la mayoría de veces incompetentes, entre la vulgarización y la cultura del espectáculo perdimos nuestras raíces y renunciamos a los objetivos sociales fundamentales. Nuestro país se atomizó, se fragmentó, perdió la bitácora y navega hoy entre la incertidumbre y un miedo colectivo que se expande.

Corrupción política: todos somos responsables

Opinión

Si el siglo XX fue identificado como la plataforma de los derechos humanos en todo el mundo, el siglo XXI debería ser considerado como el espacio temporal para las obligaciones humanas. Hay derechos inalienables fundamentales: el derecho a la vida, el derecho a la libertad, el derecho a la organización social y el derecho a la propiedad. Pero curiosamente poco se considera que alcanzar y consolidar esos derechos, implica ganarlos a partir de cumplir con una serie de obligaciones. El ser humano generalmente prefiere exigir derechos y evadir responsabilidades.  Haré énfasis en lo referente a nuestros derechos y obligaciones políticas. De 1986 a la fecha, lejos que la denominada transición política nos transportarse a un estado democrático, lo que ocurrió fue la espectacular consolidación de una partidocracia corrupta que asaltó sin piedad el poder público para enriquecer a financistas y financiados, se degradaron las instituciones estatales y el ciudadano quedó burlado. Pero realmente en todo ello: ¿No tenemos una alta cuota de responsabilidad todos los ciudadanos que sin ser corruptos no participamos en política, dejando el espacio libre para que criminales disfrazados de políticos asaltaran el poder? Porque un pueblo que durante 30 años acepta la vigencia de gobiernos corruptos —electos mediante rituales perversos y periódicos— no es precisamente un pueblo víctima, realmente es un pueblo cómplice. En todo este tiempo hemos enarbolado siempre nuestros derechos políticos, pero hemos simultáneamente evadido nuestras responsabilidades políticas.