En el nombre de Jakelin Caal

Opinión

Ayer se cerró el capítulo final en la corta vida de Jakelin Amei Rosmery Caal Maquin, quien fue sepultada en Raxruhá, una de los rincones más abandonados de Guatemala. Allí no llega la ayuda gubernamental, ni siquiera la asistencia politizada de quienes disponen de millonarios recursos para usos clientelares, que bajo directrices de altos funcionarios reparten los gobernadores de turno.

¿De dónde venía Jakelin?

Opinión

Conocí Raxruhá en 1997. Tomaba como seis horas de muy mal camino llegar de Cobán hasta Chisec; se estaba haciendo la carretera que ahora conecta ambos lugares en Alta Verapaz. La nueva carretera acompañaba al oleoducto que llevaba el “oro negro” extraído de los campos de Rubelsanto y del ramal del campo Xan en Petén, rumbo a Santo Tomás de Castilla. Ambos ramales convergían en Raxruhá, en ese entonces, todavía una aldea de Chisec. Polvoriento, caluroso, apenas si había alguna infraestructura. Más que aldea, este solía ser un corredor migratorio de convivencia histórica con la agricultura de subsistencia. En ese entonces parecía una especie de enorme campamento de trabajadores que llegaban atraídos por la posibilidad de trabajo generado por el oleoducto y la construcción de la Franja. Y con ellos, mujeres y niños en precarias condiciones de vida y de salud.