Se vale soñar

Opinión

El país se debate en una incertidumbre impresionante. El ambiente político es incierto. El Corredor Seco de nuevo es afectado por una sequía sin precedentes. Las víctimas de la erupción del Volcán de Fuego son ya un tema olvidado pero las víctimas siguen padeciendo las consecuencias. Con pobreza extrema y desnutrición aguda. La economía sigue retrayéndose, los índices principales deteriorándose, desde el de desarrollo humano hasta algunos no tan relevantes como el puesto dentro del ranquin de la Fifa. Guatemala tiene un plan estratégico bien articulado, pero no funciona, con un presupuesto nacional que diverge con el mismo, ajustado a intereses particulares más que colectivos.

La Guatemala utópica que podemos alcanzar

Opinión

Utopía 1. Las cámaras empresariales dejaron de existir. Desaparecieron aquellas instituciones fundamentalistas y discriminatorias, encargadas de anclar a nuestra patria en el medioevo. ¿Sabía usted que una de cada dos tazas de café producido en Guatemala, la generan manos de niños indígenas particularmente mediante el corte del fruto? Por ello en los centros neoconservadores ostentosamente denominados think tanks, alguno de sus miembros impulsado por una súbita muestra de sensibilidad, expresó alguna vez que: “en Guatemala debería regularse legalmente el trabajo infantil”. Vaya modelo económico el nuestro. Además de perdurar idéntico durante 500 años, fue certeramente calificado como un “modelo de economía de postre”. Porque ciertamente, nosotros fuimos los encargados de poner en la mesa de los habitantes de los países ricos, el postre: café, azúcar y banano. Hoy, afortunadamente, nuevas organizaciones empresariales han surgido, todos los empresarios en un pacto de honor y responsabilidad sin precedentes, están pagando todos sus impuestos, pagan salarios justos y dignos a sus trabajadores, además, renunciaron para siempre al intento de cooptar las instituciones del Estado. Hoy los empresarios gozan de prestigio, la población los respeta y admira.