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Quetzal-1 termina su misión, pero surgen nuevos proyectos

El éxito del Quetzal-1 generó nuevas oportunidades en el campo aeroespacial en Guatemala. Ahora se desarrollan nuevas iniciativas, como la posibilidad de construir un nuevo satélite.

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Quetzal-1 envió 84,776 paquetes de información entre ellos datos de su funcionamiento, que servirán para un segundo satélite. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).
Quetzal-1 envió 84,776 paquetes de información entre ellos datos de su funcionamiento, que servirán para un segundo satélite. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).

Después de seis años de constante trabajo y aprendizajes, las más de cien personas involucradas, entre estudiantes y docentes de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG), el 6 de marzo del 2020 hicieron historia cuando el Quetzal-1, el primer satélite guatemalteco, fue trasladado hacia la Estación Espacial Internacional por medio de la cápsula Dragon, del cohete Falcon 9.

“Estamos en el espacio, ¡llegamos!”, era una de las frases que más repitieron los once integrantes de CubeSat que viajaron a Cabo Cañaveral, Florida, Estados Unidos, para ver el despegue del cohete.

Después, una de las fases más importantes del proyecto se llevó a cabo el 28 de abril del mismo año, cuando el satélite fue puesto en órbita para que comenzara su misión en el espacio. Con esto, Quetzal-1 daba luz verde para que comenzara a funcionar y cumplir con el objetivo de probar un sensor óptico para capturar imágenes en diferentes longitudes de onda, con el fin de detectar clorofila en cuerpos de agua, y mediante la información enviada por el satélite, calcular la concentración de cianobacteria en ellos.

Momento en que el primer satélite guatemalteco, Quetzal-1, fue liberado al espacio. (Foto Prensa Libre: YouTube).

El pasado 26 de enero la UVG informó que, después de 211 días de operación, la misión del satélite terminó de forma exitosa. Luego de enviar 84 mil 776 paquetes de información Quetzal-1 perdió contacto con la estación de control que se encuentra en la UVG y aunque por varias semanas enviaron comandos para retomar la comunicación, se dio por concluida su misión. Los datos indican que ocurrió un problema interno de comunicación entre los módulos del satélite.

Misión satisfactoria

Uno de los riesgos al construir un satélite por primera vez es que no se pueden probar todos los escenarios o problemas que se presentarán al estar en el espacio, ya que estos surgirán solo al estar en dichas condiciones. Por ello, es importante que sea autónomo, explica Dan Álvarez, ingeniero en electrónica e integrante del Proyecto CubeSat.

“Estamos satisfechos con los siete meses que estuvo el Quetzal-1 funcionando. Tenemos estadísticas de que 1 de cada 2 satélites que son construidos por primera vez por estudiantes universitarios no funcionan bien, pero el de nosotros lo hizo por 211 días. La falla no nos tomó por sorpresa porque era algo que sabíamos que podía pasar. Incluso, antes tuvimos eventos de funcionamientos incorrectos, pero que logramos solventarlos al enviarle distintos comandos”, comenta Álvarez.

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Ensayos científicos

Quetzal-1 envió 84 mil776 paquetes de información, entre ellos hay datos acerca de su comportamiento en el espacio, como la temperatura y estado de diferentes componentes que lo integran, velocidades, funcionalidad del motor, entre otros. Todos ellos están siendo analizados y servirán para tomar en cuenta al momento de realizar un segundo satélite o algún otro elemento que se lleve al espacio.

 De acuerdo con Álvarez, con el Quetzal-1 aprendieron acerca de qué se debe hacer y cómo al momento de crear un satélite. Este aprendizaje esperan transmitirlo a la comunidad científica por medio de distintos artículos que han estado escribiendo y publicarán en el futuro.

“Ya tenemos artículos acerca de distintos módulos del satélite en el proceso de trabajo, cuando no se había terminado. Por ejemplo, acerca del módulo del sistema de control, módulo de potencia y distribución de energía y sobre la cámara que iba a bordo del satélite. Se están escribiendo, para que el legado del Quetzal-1 quede para futuras generaciones o grupos científicos que trabajen en misiones similares”, anuncia el ingeniero.

Nuevos proyectos

Para el rector de la UVG, Roberto Moreno, el Quetzal-1 ha sido un proyecto extraordinario que permitió abrir brecha en el campo aeroespacial en Guatemala. Por ello, los miembros de la universidad se sienten orgullosos de los estudiantes, graduados y profesores que participaron en esta misión. “Este proyecto nos ha inspirado, el solo hecho de que la edad promedio de los participantes sea de 21 años y que aproximadamente cien personas hayan participado en el proyecto nos han demostrado que es posible concretar proyectos de esta dimensión para poner la ciencia y la tecnología al servicio de la sociedad”, agrega.

Debido a que el primer satélite guatemalteco dejó varias oportunidades, la UVG ha desarrollado distintas iniciativas relacionadas con el tema aeroespacial. Una de ellas se comenzó el año pasado y consistió en colaborar con la Universidad de Colorado en la “Misión Artemis” de la NASA, que tiene como objetivo llevar al ser humano otra vez a la Luna. El proyecto, dirigido por el doctor Luis Zea, codirector del Proyecto CubeSat, consistió en la fabricación de varias piezas que serán puestas en órbita en la Luna en el 2022 y contribuirán con el estudio de si es posible realizar la misión.

El ingeniero Víctor Ayerdi, codirector del Proyecto CubeSat, comentó que han conversado con otra universidad de la región para desarrollar juntos un segundo satélite. “Ahora que terminó la misión del Quetzal-1 tenemos más tiempo y datos que nos ayudarán a la construcción de un nuevo satélite, el cual trabajaremos con una nueva generación de estudiantes debido a que la mayoría que participó en este ya se graduó y ahora están trabajando en empresas. Algunos están buscando estudiar en el extranjero temas relacionados a lo aeroespacial”, dice.

Once integrantes del Proyecto CubeSat viajaron a Cabo Cañaveral, Florida para observar el despegue del cohete Falcon 9 en marzo 2020. (Foto Prensa Libre: cortesía Iván Castro).

Otro de los proyectos es el Space Biofilms, que consiste en analizar Biofilms, una especie de microorganismos que fueron llevados al espacio para evaluar la resistencia de antibióticos. La Universidad de Colorado realiza el experimento y el departamento de bioquímica y microbiología de la UVG colabora con el análisis de los microorganismos.

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Entre otras actividades, relacionadas al campo espacial, se puede mencionar el curso FloatSat que brinda la Universidad de Wurzburgo, para el diseño de nanosatélites. Ayerdi explica que los estudiantes reciben las clases en línea, lo cual ayuda a que se continúen creando capacidades para hacer más proyectos en el futuro.

Finalmente, el rector de la UVG, Roberto Moreno, comenta que están “a la espera de los resultados de la competencia Bartolomeo, que, de resultar ganadores, nos permitiría desarrollar una plataforma para hacer siete experimentos durante un año en el módulo Airbus de la Estación Espacial Internacional”.

Apoyo a la ciencia y tecnología

De acuerdo con Ana Chan, quien dirige la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), el área de ciencia y tecnología aeroespacial podría ser una nueva línea de acción en el nuevo Plan Estratégico Regional el cual desde el año pasado la Senacyt ha impulsado, al ser parte de la Comisión para el desarrollo científico y tecnológico de Centroamérica, Panamá y República Dominicana (CTCAP).

“Actualmente se conoce que el Centro Universitario de Occidente (CUNOC) está participando en el Proyecto Morazán junto con Honduras, lo cual hace notar que es un tema bastante activo en la región centroamericana a la que todos los países debemos poner atención y apoyar. Por esta razón, en Senacyt, como parte de su gestión en la Presidencia Pro-tempore de CTCAP realizará la propuesta de incluir este tema como una de las líneas de acción dentro del Plan Estratégico Regional”, dice Chan.

Aprendizajes

Entre los aprendizajes que dejó el proyecto de Quetzal-1 al equipo CubeSat fue ser conscientes de que se pueden hacer cosas diferentes en Guatemala, aunque parezca difícil. “Si retrocedemos a enero 2014, cuando iniciamos, pensábamos que era una misión difícil e imposible, pero lo logramos. Aprendimos que, con trabajo constante, en equipo, con entusiasmo y con el objetivo claro, se pueden alcanzar las metas”, dice Ayerdi.

Para Álvarez, uno de los aprendizajes más memorables es que fallar es parte del proceso y que eso no define la inteligencia de una persona. “Es importante entender que fallar no nos hace malos o menos inteligentes, sino que fallar es un paso más de nuestro objetivo. Quetzal-1 nos enseñó a cambiar esa mentalidad porque nuestro éxito fue a base de prueba y error, fallamos muchas veces, pero el satélite funcionó”, menciona.