Drama asegurado: Separarse y seguir conviviendo bajo el mismo techo

¿Cómo son las negociaciones cuando existen tanto de por medio y la relación ha terminado?

En vista del alza de los costos de alquiler en muchas grandes ciudades, este escenario no es en absoluto poco realista: una pareja se separa, pero sigue viviendo bajo el mismo techo porque continúa la dependencia económica.

Quizás por los niños, quizás porque comparten la propiedad de la vivienda, quizás porque no alcanza el dinero para vivir solo. Pero, ¿puede funcionar bien esto?

Björn Enno Hermans no le recomendaría a nadie esta constelación. “No conozco a nadie a quien le haya funcionado”, asegura el terapeuta familiar sistémico.

El experto Dirk Pauli advierte por su parte que en estos casos no se genera el espacio para que los integrantes de la pareja puedan acostumbrarse a que ya no existe más el vínculo. “El proceso de duelo no tiene lugar, se llora con el compañero y no se genera distancia suficiente”, explica el terapeuta familiar y coach sistémico.

La pareja no pasa por una etapa de duelo durante este tipo de separación. (Foto Prensa Libre: Pixibay)

Como subraya Hermans, es necesario que las cosas estén claras en aspectos como el final de la convivencia física para llevar a cabo una separación emocional.

Valeska Riedel puede entender la idea de permanecer juntos en un mismo espacio y la ve como un intento de superar una difícil crisis de la vida. “Esta idea aparece a menudo al comienzo de un período de separación y es una solución transitoria para las familias con recursos económicos limitados”, dice la pedagoga social.

Separados bajo un mismo techo, rara vez funcionan a largo plazo

Si la ex pareja se trata con respeto, esta constelación podría resultar. “Sin embargo, esto rara vez funciona a largo plazo”, aclara Riedel, que encabeza un consultorio gratuito de asesoramiento sistémico, mediación y terapia familiar.

Quien se degrada de pareja a compañero de piso desarrolla una dinámica propia y problemas totalmente nuevos, como en cada convivencia. ¿Quién cocina? ¿Quién limpia? ¿Quién se ha comido todo lo que había en la nevera? Si ambos lo desean y reflexionan lo suficiente, ciertamente podrían seguir siendo amigos, señala Pauli, que sin embargo aclara que en general rige aquello de que “si se terminó, se terminó”.

Pero, ¿no sería mejor para los niños un reglamento de convivencia de este tipo? Según Hermans, un divorcio no es malo para los niños de por sí, sino por el nivel de conflicto entre los padres. “Si el conflicto es mayor en la convivencia que en el divorcio, entonces es mejor divorciarse”, afirma Pauli.

Los niños también necesitan un mensaje claro de los adultos

Riedel aconseja no aferrarse a una situación que no le hace bien a nadie: “Si los padres fingen que todo está bien, aunque sean hostiles el uno con el otro cada vez que se encuentran, o si sus palabras no concuerdan con su comportamiento, los niños se verán perjudicados”.

Es importante evaluar acuerdos que beneficien a los niños y adolescentes. (Foto Prensa Libre: Pixibay).

Sería muy confuso para los niños si se mantuvieran las antiguas dinámicas de relación, señala Pauli. “Los niños observan la convivencia pero han escuchado que sus padres ya no están más juntos”. ¿Cómo debe entender esto un niño?

Más bien, la ex pareja debería encontrar una solución al problema -posiblemente- financiero, recomiendan los expertos. “Los niños y adolescentes prefieren vivir con uno de sus padres bajo condiciones más cercanas que con padres que se pelean”, recomienda Hermans. Riedel sugiere que las diversas necesidades podrían ser aclaradas dentro del marco de un proceso de mediación. En el contrato final de mediación se puede llegar a acuerdos que aborden las necesidades de ambas partes.

Es mejor aceptar pérdidas financieras

“También se puede regular cómo tratar el hecho de que uno se mude a otro lugar aunque la vivienda pertenezca a ambos”. En casos individuales, se debería considerar si sería mejor aceptar primero las pérdidas económicas o regresar a vivir con los padres que seguir viviendo juntos.

¿Qué pasaría, por ejemplo, si uno de los dos tiene una nueva pareja? Todo el sistema sería aún más complejo. La ex pareja puede observar maravillosamente cómo funciona la nueva relación y cómo trata el nuevo integrante a los niños. La mayoría de la gente tiene necesidades diferentes, dice Hermans. “Quieren una persona estable en la que confíen y con la que estén más cerca”, sostiene.

Pauli aconseja a los que optan por la variante de “permanecer juntos” que la declaren desde el principio como una solución temporal. “La pareja debe fijarse la meta de que cada uno tenga su independencia”, dice. Riedel sugiere que se pongan de acuerdo de antemano para ir por caminos separados tan pronto como uno de ellos ya no esté de acuerdo. “Y entonces se debería tener el valor de vivir todo lo que ya ha sido procesado internamente”, sostiene.

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