Política

Amenaza pende sobre el Triángulo Norte

Un muro, persecución, deportaciones. No es el guion de una película, es un posible escenario que podría ocurrir cuando Donald Trump ocupe su cargo en la Casa Blanca. ¿Qué pasará en Centroamérica? ¿Cuál es el impacto? Expertos de la región intentan, con mente fría, descifrar las consecuencias a corto plazo.

Por Antonio Barrios y Eswin Quiñónez

Las autoridades de Estados Unidos reparan con frecuencia la valla en la frontera con México dañada por el paso de migrantes. (Foto Prensa Libre:AP)
Las autoridades de Estados Unidos reparan con frecuencia la valla en la frontera con México dañada por el paso de migrantes. (Foto Prensa Libre:AP)

Imaginemos esto: un rubio de 1.83 metros de altura, montado en un corcel mustang de pelaje refinado, guiando a un ejército en las fronteras para expulsar a los indeseables, con una bandera azul y roja abriéndose paso entre miles de soñadores y una orquesta interpretando música épica.

Sí, es mucho Hollywood. De lo anterior, solo deje al rubio y la seguridad en las fronteras; el resto es fantasía. Lo que sí forma parte del argumento —y no de una película— es la expulsión masiva que se vaticina, según lo anunciado durante la campaña del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump.

En el 2015, la región centroamericana recibió 76 mil 345 deportados. Es decir, 33 mil 249 de Guatemala, 21 mil 920 de El Salvador, 20 mil 309 de Honduras y 867 de Nicaragua. Estos cuatro países forman parte de la lista de los primeros 10 de deportaciones de EE. UU., con México a la cabeza.

La cifra del 2014 superó en 399 al 2015, con 76 mil 744 deportaciones, según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés).

Durante los casi ocho años de la administración de Barack Obama se ha deportado a 289 mil 749 guatemaltecos —según la Dirección General de Migración, de Guatemala—, más del doble de los deportados en los ocho años de George W. Bush.

Temor por promesa

Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua reúnen cerca del 8% de los 55.2 millones de latinos que viven en ese país y representan una de las principales fuentes de ingresos económicos para Centroamérica por medio de remesas, por lo que la elección de Trump supone una alarma.

Según Carlos Acevedo, expresidente del Banco Central de Reserva de El Salvador y exrepresentante de Centroamérica ante el Fondo Monetario Internacional, si se cumplen las promesas del magnate y se cierra la puerta para los migrantes, habrá un impacto perceptible en la economía de la región.

“Centroamérica tiene como principal estímulo para su economía el envío de dólares por parte de sus inmigrantes, y si se cumplen las promesas de endurecer la política migratoria en Estados Unidos, el impacto podría verse a corto plazo”, indicó.

Las remesas en Centroamérica tuvieron un récord de US$15 mil 818 millones en el 2015, 7% más que el 2014, según la firma AirPak, que opera las transacciones de Western Union en la región.

Acevedo ve un escenario desalentador, y como un efecto indirecto, lo que llamó una “guerra comercial” anunciada durante la campaña del republicano contra potencias como China, que disminuiría las actividades económicas, comerciales e industriales en ese país.

“Si Estados Unidos entra en recesión, se desalentará el flujo de dólares y el intercambio comercial con Centroamérica”, explicó.

Similar opinión tiene el sociólogo nicaragüense Óscar René Vargas, quien añadió a ese escenario el cierre de una válvula social para el combate de la pobreza en el Istmo.

Retorno masivo

Los expertos consultados temen que en un período muy corto ocurra una ola de deportaciones masivas que haga colapsar el sistema de recepción.

Vargas refirió que si los países reciben a tantos deportados en poco tiempo, la situación económica y social tendrá una repercusión negativa en términos de sostenibilidad. “La pobreza se incrementará y habrá crisis”, analiza el nicaragüense.

El Pew Research Center calcula que para el 2015 había más de un millón 755 mil centroamericanos indocumentados en EE. UU., de los cuales unos 740 mil son salvadoreños, 600 mil guatemaltecos, 380 mil hondureños y el resto de otros países del Istmo.

Fernando Carrera, excanciller de Guatemala, identifica tres temas: migratorio, comercial y la Alianza para la Prosperidad, así como las políticas nacionales que buscan que la gente no migre.

La presión podría crecer sobre el Istmo para que trabajen de forma más acelerada en las agendas sobre la lucha contra la corrupción y el combate de la pobreza, enfatizó Carrera. “La administración de Trump será dura con los países del Triángulo Norte sobre los cambios que se deben hacer para reducir la migración”, señaló. Carrera avizora una “política menos flexible”, posible deshumanización y aceleración de los procesos de deportación, que ya durante el gobierno de Obama han sido los más altos de la historia.