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Nace Severo Martínez Peláez en 1925

Un día como hoy de 1925 nace en Quetzaltenango el historiador Severo Martínez Peláez. Su obra más conocida "La patria del criollo" es un referente para el estudio de la historia nacional.

Severo Martínez Peláez nació en 1925. (Foto: Hemeroteca PL)

Severo Martínez Peláez nació en 1925. (Foto: Hemeroteca PL)

Severo tomó como una fuente de interés e investigación las contradicciones de la historia, una pasión que sabía combinar con sus dotes de comunicador y un aire de aristócrata.

Martínez Peláez nació en la ciudad altense y vivió sus primeros años con sus padres, Alfredo Martínez y Alicia Peláez, quienes administraban la abarrotería “La Sevillana”, en la calle del Calvario de Xela.

De niño deambulaba con su padre por las planicies de los llanos de Olintepeque, y jugaba a torero, bombero y cura. Se aprendió la misa en latín, por lo cual fue nombrado acólito del padre Samuel Franco, amigo de su familia.

En un ensayo publicado por el ex diputado José Enrique Asturias Rudeke -alumno y amigo personal de Severo desde 1958- registra que un romance prohibido llevó a doña Alicia al suicidio, “disparo que resonaría en la mente del niño por mucho tiempo”.

Conforme iba aprendiendo, Severo llegó a aprenderse la Biblia -casi de memoria- los escritos de Lutero, la vida de Jesús de Renán y de Guignebert. Los textos de los escolásticos y los racionalistas le influirían plenamenete cuando adulto. Aprendió el idioma alemán y se apasionó por el montañismo. Esto le hizo disfrutar de paseos por la campiña, sin dejar de observar la historia chapina que más tarde sería parte inseparable de su vida.

Rebelde como él solo

Su padre, don Alfredo, era exigente a morir. Le demandaba los mejores resultados estudiantiles, pero desvalorizaba su capacidad. Eso lo obligó a abandonar sus estudios de bachillerato en el Central para Varones, así como a su familia.

Para sostenerse, trabajó en el almacén “Kosak”, frente a la iglesia El Carmen, en la 8a. avenida y 10a. calle zona 1, y como asistente contable del jefe de la bodega de Efraín Recinos Arriaza, cuyo hermano, Rafael, había trabajado en “La Sevillana”.

Luego, contrae matrimonio con la quetzalteca Consuelo Pivaral en 1953. Su matrimonio dura poco y deja como fruto a su hijo Bernal Martínez Pivaral. Siete años después se casa con Beatriz Mazariegos.

Estudia en el Conservatorio Nacional donde se apasiona por la flauta y la música barroca, así como del pentagrama de Martín Vivaldi y Corelli. Sus costumbres solitarias y meditabundas le hacen navegar en las noches de luna llena por las tranquilas aguas del lago de Amatitlán, y resbalarse tras las fronteras históricas y geográficas de la Guatemala de antaño.

Apenas salido de la adolescencia, “apoya la Revolución de Octubre de 1944, y cuando José Rolz Bennet decide fundar la Facultad de Humanidades, en la Universidad de San Carlos de Guatemala, se inscribe en la carrera de Filosofía”, apunta Asturias Rudeke.

Investigador

La falta de título de bachiller le causa problemas. Cumple con sus estudios de Historia en la USAC, y en la división de Doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero sus méritos no son reconocidos, porque asiste como oyente. Finalmente, con la ayuda económica de su padre, logra terminar sus estudios de Historia.

Llegado el ejército de liberación en 1954, busca asilo en México y vive en la colonia Roma, del Distrito Federal hasta 1957. Una vez allá, el desierto de los Leones y los llanos de Salazar son testigos de sus caminatas. Vuelve a Guatemala en 1957 para dedicarse a la docencia. Su mirada penetrante llamaba la atención de cualquiera.

Cual director de orquesta, lleva la batuta durante sus jornadas de enseñanza en las aulas universitarias, pues no sólo enseña historia, sino también solfa y flauta dulce. Bajo su dirección, el pasado se convierte en una materia viva. Martínez Peláez comenta la diplomacia de Hernán Cortés y la rudeza del Adelantado, Pedro de Alvarado.

Lo que durante la mañana enseña a sus alumnos, en la tarde se convierte en prosa y en la noche, política. Martínez Peláez era un intelectual comprometido con el movimiento revolucionario: trabaja para el Partido Guatemalteco del Trabajo, PGT, desde 1958, mientras busca con mayor ímpetu un nombre para su libro.

Entre 1967 y 1968 fue becado en el Archivo General de Indias, Sevilla, España, para terminar sus trabajos de investigación. Los “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, de José Carlos Mariátegui, le sirven de base para lograr “La Patria del Criollo”, la cual, después de 15 años de investigaciones, más de mil 300 referencias documentales y cerca de 800 páginas, sale a la luz el 30 de septiembre de 1970.

Con esta publicación, Martínez Peláez se convierte en pionero de la investigación sobre los estudios socioeconómicos mesoamericanos. Desentrañó la dinámica de la vida durante el Estado colonial. Analizó las consecuencias fundamentales de una sociedad de terratenientes criollos y campesinos, con una visión economicista, al timepo que subestió el peso de la contradicción ladino-indígena.

Martínez en su obra afirmaba que la negación del indio guatemalteco y los señalamientos en su contra, con calificativos tales como el de haragán, fue una construcción ideológica de los criollos para ocultar que su riqueza provenía de la explotación de la mano de obra de aquellos.

Una vez llegado al poder el general Romeo Lucas García, Severo Martínez debe asilarse nuevamente en México, pues junto a otros intelectuales, estaba sentenciado por los grupos oscurantistas de la época. Desde el exilio publica “Motines de indios. La violencia colonial en Centroamérica y Chiapas”, en 1985. Desde entonces hasta 1986, sus ideas son reconocidas por la Casa de las Américas, de Cuba, y por la Asociación de Historiadores Latinoamericanos, que lo nombra su vicepresidente. La USAC le otorga el Doctorado Honoris Causa en 1992.

Años más tarde de su exilio comienza a perder la memoria, al grado que en 1989, una hermana suya -Consuelo- lo rescata en Alemania durante un viaje. Poco a poco, el mal del Alzheimer lo deja incapacitado. Muere el 14 de enero de 1998.

Si bien Severo Martínez Peláez no fue un historiador prolífico, por lo lento de su producción, “el extenso ensayo sobre Guatemala “La Patria del Criollo”, aunque controversial, ha sido particularmente influyente en la historia latinoamericana y documento base para la comprensión de la élite centroamericana moderna”, como bien apuntó el norteamericano Ralph Lee Woodward.

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