Opinión

catalejo

Al respecto de la burda “jimmycracia”

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

Han pasado nueve días desde la inesperada pero poco sorprendente erupción del Volcán de Fuego, calificado por expertos de nivel mundial, como uno de los más peligrosos del mundo, por estar en actividad, muchas veces mortífera, durante los casi cinco siglos pasados desde la llegada de los españoles. Esta vez es posible señalar con nombre y apellido al responsable y en muchos casos culpables de las consecuencias de cómo actuó el Estado. Jimmy Morales demostró una vez más su error de haberse dejado convencer para aceptar la candidatura a un puesto cuyas características, complicadas y varias, exigen capacidades, igualmente numerosas, de las cuales él carece por completo. No pensó con un mínimo de suspicacia sobre  las razones de quienes lo involucraron.

Seguramente sorprendido por la andanada de críticas de analistas y de medios informativos locales independientes, no tardó mucho en aceptar el absurdo criterio de ser una confabulación de tipos malintencionados. Pero las críticas ahora llegan del extranjero, así como los reportes de la prensa foránea. Las declaraciones de la canciller y del director de Conred, Sergio García Cabañas. El conductor de un programa de CNN entrevistó al vocero de Conred, quien no supo contestar la simple pregunta de por qué si el hotel La Reunión dio la orden de evacuar a sus huéspedes a las 10 horas, la alerta oficial se hizo pública hasta por la tarde. Todo eso se debe señalar porque la incapacidad es el elemento común de los funcionarios, y el mandatario encabeza ese grupo.

Entre la estulticia se debe recordar la declaración de la canciller Sandra Jovel de “no llorar por la leche derramada”; los dimes y diretes del director de Conred; la negativa al ingreso de alimentos donados por los salvadoreños; tardarse cuatro días en solicitar la ayuda de la cooperación internacional, con el descaro de pedir el depósito de fondos donados a una cuenta controlada por el gobierno; la absurda decisión de colocar comida donada por entidades privadas en bolsas plásticas con el rótulo del gobierno; la presencia del presidente en dos conferencias de prensa-show; su ausencia de los lugares afectados, para hablar con los damnificados, y luego su desaparición de la escena; la decisión de centralizar en el ejército el reparto y la recepción y resguardo de la ayuda.

El ejército pasa por un pésimo momento: su lambisconería al dar un bono mensual extra al presidente con más alto sueldo en todo el continente, quien suma a la mala imagen, la ineficiencia y la corrupción de muchos de sus colaboradores. Fue mala la idea de enviar a la esposa del presidente “en forma individual” a lugares a repartir ayuda donde luego en las redes sociales circuló la queja de una señora cuya hija, voluntaria, se molestó por la forma como le habló la señora de Morales, al señalarle “para eso se les paga”. Mientras, integrantes de su partido en el Congreso impulsan una ley de amnistía a los militares acusados de crímenes de lesa humanidad o de corrupción, a lo cual se agrega la torpeza de mantener en su puesto al ministro de Ambiente. Todo ello retrata a Jimmy Morales como el peor enemigo de la presidencia.

Falta un año para el inicio de la campaña y con ello el virtual fin de este gobierno. Puede ser un tiempo demasiado largo, por la testarudez y ceguera rampantes. La historia lo condenan antes de terminar su período. Por eso debe pensar seriamente en la mejor decisión para él y para el país: retirarse voluntariamente o quedarse luego de un acuerdo intersectorial sin participación de los politiqueros. Le queda espacio para actuar de manera coherente y despedir a los ineptos. Pero si no puede o no lo desea, es urgente su salida sin aspavientos. La “jimmycracia” es un fiasco y ya ha causado daños similares a los de las erupciones: ocurren en un tiempo corto, pero la recuperación puede necesitar docenas de años.