Opinión

Catalejo

El significado de “pasar por encima”

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

Así como la ignorancia de la ley no excusa su cumplimiento, la ignorancia del significado de las palabras no puede ser esgrimido como excusa para haberlas usado. Esto es, estoy seguro, muy claro para los lectores de esta columna. El bachiller Álvaro Arzú utilizó la frase adverbial “pasar por encima de las cabezas de los medios de comunicación negativos” (según él, por supuesto). El Diccionario de la Lengua Española dice al respecto: “atropellar por los inconvenientes que ocurren en un intento”. Atropellar es “derribar o empujar violentamente a alguien para abrirse paso”; “agraviar a alguien con violencia o abusando del poder”; “proceder sin miramiento a leyes…” Inconveniente es “daño y perjuicio que resulta de hacer algo”.

Queda claro: es una incitación a la violencia. ¿Por qué lo hizo? Porque los medios critican a la corrupción y a los políticos y empresarios corruptos. A ese respecto, el protocolo del Cacif señala de los funcionarios y empresarios corruptos: “… no deben ser solo objeto de condena legal, de conformidad con el debido proceso, sino de sanción moral por parte de la comunidad empresarial.” Incluye además el castigo moral, y este alcanza “el compromiso de no tener relaciones comerciales con aquellos que realizan actos ilícitos. Los empresarios que violen la ley no deben ser llamados como tales y no tienen cabida en nuestras organizaciones legales.” El rechazo a la corrupción es generalizado. Informar de esto no significa apoyo a ninguna ideología.

Por ello, cuando el bachiller asume, según él, la representación de empresarios y del sector privado, simplemente la está usurpando porque la mayoría de ellos no son corruptos. Punto. Algunas personas ven a la corrupción como algo funcional para sobrevivir, al calificarla de relativa, y no vale la pena perseguirla siempre, sino sólo cuando sus desventajas (¿cuáles?) no superan a las ventajas de practicarla. Incluso un artículo califica a la primera etapa de Arzú como “un buen negocio”, aunque haya “puesto a la venta la administración pública.” Los buses articulados “han de ser beneficiosos para el pueblo de lo bonitos que son”, y sólo deja de ser buen negocio cuando lleva a la presidencia del Congreso a su hijo, “así carezca enteramente de méritos propios”.

Unos pocos segundos de intolerancia contra la prensa y de burla al Ejército los ha pagado con una ola de críticas, no sólo en la esfera nacional, sino en entidades internacionales, como la Relatoría de Libertad de Expresión de la OEA y Sociedad Interamericana de Prensa, a cuya directiva agradezco el rechazo a los ataques personales de Arzú y de su pupilo Jimmy Morales. Otro aspecto se refiere al hecho en sí del lenguaje empleado, el cual —como en el caso del domingo— puede ser fingidamente paternal, dirigido a los jóvenes, sobre todo porque se encuentran a punto de iniciar una tarea en Guatemala, solamente dirigida a determinados grupos sociales y no a la totalidad, como en otros países, España o Inglaterra, por ejemplo.

Al final, este es uno más de los incidentes de intolerancia atestiguados en mi larga carrera periodística. Cuando gente de estas características lanza sus andanadas, de hecho son una especie de medalla para los periodistas, cuyo interés en la mayoría abrumadora de casos es aportar al beneficio de su país o de su comunidad. Los corruptos perderán el juicio inapelable de la Historia. Sin embargo, debido a la permanencia de la corrupción en todas las etapas de la multicentenaria Historia de la humanidad, me parece conveniente hacer unas cuantas consideraciones acerca de los aspectos puramente filosóficos para su rechazo, porque tiene relación directa con las acciones correctas e incorrectas del ser humano. Ese será el tema del Catalejo del viernes.