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¿En dónde está la corrupción?

Jorge Jacobs

Jorge Jacobs

Ante algunos de los sucesos recientes, mucha gente se escandaliza y rasga sus vestiduras por el azote de la corrupción, pero se queda en la superficialidad de creer que con solo cambiar a las personas el sistema mágicamente se limpiará y pocas veces reflexionan sobre el origen de esta. Mientras no se entienda la raíz del problema —no me cansaré de repetir—, podrán cambiar las caras, los nombres, las inclinaciones ideológicas, pero la corrupción seguirá vivita y coleando.

No nos debemos perder en las ramas: la raíz de la corrupción empieza en el poder discrecional que tienen los funcionarios. Y ese lo pueden utilizar tanto para decidir qué hacer con el dinero de los tributarios como para extorsionar a los ciudadanos obstaculizando de manera arbitraria su libertad de acción. De allí la gran batalla a lo largo de los siglos, tratando de limitar el poder de los gobernantes hasta llegar al ideal de un sistema republicano con límites muy bien definidos al ejercicio del poder y que se dedique solamente a sus funciones primigenias, como lo son velar porque haya seguridad y se imparta justicia.

Por eso es triste que en la lucha contra la corrupción actual, las personas se queden en la superficialidad de “los corruptos” pero ni siquiera volteen a ver el verdadero problema. Les doy el beneficio de la duda a la mayoría que lo hacen por simple ignorancia o superficialidad, aunque no a todos, porque hay muchos pícaros a quienes lo que les molesta es que fueron otros quienes se aprovecharon del sistema y no desean que este cambie porque tienen la esperanza de que tarde o temprano serán ellos y sus cuates los que lleguen a los puestos donde podrán meterles mano a los beneficios de ese poder discrecional.

Con tan solo que apliquemos este filtro para analizar las acciones de los funcionarios, encontraremos infinidad de cosas que se deben cambiar en el sistema para ir limitando el abuso discrecional del poder en la administración pública.

En donde es más notorio ese abuso es en el gasto del gobierno, que es donde se encuentra infinidad de compras sobrevaluadas donde, por supuesto, participan de la corrupción los “contratistas” del Gobierno, pero, nuevamente, la raíz está en la discrecionalidad de los funcionarios que les permite hacer esas compras sobrevaluadas. O lo que es lo mismo, porque pueden.

Algunos confunden los efectos con las causas y ponen aquí, por ejemplo, el financiamiento político a fin de conseguir “contratos” como la raíz de los males, pero, nuevamente, este simplemente es un efecto, la causa es que los funcionarios tienen el poder para conceder esos contratos discrecionalmente.

Pero ese solo es el inicio. Hay corrupción en muchas de las actividades que se hacen en el gobierno, que va desde muchas plazas no necesarias y en muchos casos inexistentes, hasta excesos como que existan en un solo ministerio más de cincuenta sindicatos, cuyo único propósito es mantener a una partida de vividores de más de dos mil “líderes sindicales” que no hacen ningún trabajo productivo y dedican su tiempo a ver cómo se apropian de una mayor tajada de los impuestos de los tributarios.

Y así como esos ejemplos, podemos encontrar un sinfín de situaciones donde muchas personas han encontrado cómo vivir muy bien a expensas de los productivos. Si a usted realmente le interesa combatir la corrupción en las instituciones de gobierno, entienda que la única forma de lograr que sea sostenible en el largo plazo es cambiando el sistema para reducir el poder discrecional de los funcionarios y burócratas. Todo lo demás simplemente serán cambios cosméticos.