Opinión

Tierra nuestra

Nuestra única alternativa

Manuel Villacorta

Manuel Villacorta

La realidad económica, política, social y cultural de Guatemala perfila un estado de malestar generalizado que debe ser estudiado, comprendido y explicado, para la obtención de un diagnóstico certero que nos permita ubicar soluciones posibles, concretas e inmediatas. Un método utilizado en las ciencias sociales como parte de los análisis prospectivos, es la abstracción, la cual es entendida como una serie de complejas operaciones mentales, mediante las cuales se clasifica y analiza una realidad a partir de sus actores, sus manifestaciones y los efectos que se presenten en una coyuntura determinada. Una abstracción perfecta, es cuando el analista logra simultáneamente, abstraerse de su ideología e intereses, por cuanto esto evita lo que se conoce como “la contaminación del análisis por tendencia inducida”. Este modelo de análisis es muy útil, no sólo desde la perspectiva social, si se emplea correctamente puede aportar soluciones en lo individual, como en efecto ocurre mediante la sicología aplicada a casos personales.

Sigmund Freud publicó en 1930 un ensayo titulado “El malestar en la cultura” el cual complementó al publicar “Psicología de las masas y análisis del yo”, ambos llegaron a ser considerados como textos críticos muy influyentes durante siglo XX en ciencias sociales. Otros autores contribuyeron luego con aportes trascendentales: José Ortega y Gasset y John Kenneth Galbraith, además de los notables aportes contemporáneos hechos por Michael Moore, crítico de la sociedad capitalista.

En Guatemala producto de la degradación científica y el declive académico universitario que vivimos, sumado a la intolerancia consuetudinaria y a la exacerbación de intereses particulares, es muy difícil que se logre articular a un calificado grupo de científicos sociales —de diversas ideologías— que puedan mediante un sustentado seminario, analizar y diagnosticar la realidad nacional, cuyo objetivo debería ser presentar soluciones inmediatas para resolver los grandes problemas que tenemos: pobreza social, destrucción de los recursos naturales, violencia, corrupción, ausencia de inversiones y destrucción de la infraestructura nacional, entre otros. Y un país sin científicos sociales que aporten ideas y propuestas para enfrentar los siempre complejos desafíos, es un pueblo que como el nuestro, habrá de navegar entre la incertidumbre, la apatía, el sufrimiento y el malestar.

Con ciencia se construye un edificio. Con ciencia se realiza una operación a corazón abierto. Con ciencia se puede dirigir a un país. Pero esto último está muy lejos de ocurrir en Guatemala. Los tres organismos del Estado están “dirigidos” por autoridades ineptas e inexpertas y en no pocos casos, motivadas por el abuso y la corrupción. Las universidades se han degradado, la nacional como botín político para los pícaros, las privadas como centros de lucro. El gran empresariado sólo suma y multiplica, olvidando dividir. Los dirigentes de las organizaciones populares ven en las acciones de choque la única alternativa, evidenciando una falta de creatividad política sin precedentes. Un país tan pulverizado, sin ruta ni timón, sólo puede dirigirse hacia el colapso. Por ello creo que después de las dictaduras militares, los gobiernos de la partidocracia corrupta y de los outsiders fracasados, sólo un gobierno de académicos podrá garantizarle a Guatemala un futuro mejor. El desafío está en que como pueblo comprendamos lo anterior, que las élites lo acepten y que con valentía decidamos optar por una política amparada en la ciencia. No tenemos alternativa.