Manuel Villacorta ofrece “limpiar” el Ejército y combate a la pobreza

Política

Manuel Villacorta es el candidato presidencial del partido Winaq. Se aleja de la docencia para entrar ahora en la arena política, dentro de sus ejes de gobierno contempla la implementación de una política de desarrollo socioeconómico con énfasis en el combate a la pobreza, además de modificar las estructuras del Estado, atraer la inversión e invertir en infraestructura.

El ABC del verdadero cambio nacional

Opinión

Repasemos nuestra historia. Bajo el dominio Español (1524-1821) nuestra región preservó una rígida unidad política y territorial  que en su proceso evolutivo llegó a constituir la Capitanía General de Guatemala. De 1821 a 1900, Guatemala experimentó, al igual que toda la región latinoamericana, un “vacío temporal de dependencia” como lo expresó y explicó Sergio de la Peña, en su obra El antidesarrollo de América Latina. Efectivamente porque las grandes potencias en la era del capitalismo incipiente y el socialismo por surgir —EE. UU., Alemania, Inglaterra, Francia, URSS y Japón— aún no se habían repartido las principales regiones del mundo. 

Tu y yo somos los responsables

Opinión

Ciudadano guatemalteco/ciudadana guatemalteca: Creo que nos hemos equivocado. Como ciudadanos hemos creído que solamente lo material puede perderse, por ejemplo, el dinero, una propiedad o el empleo. Por eso mismo esos tres elementos se convirtieron para todos nosotros en una especie de “trilogía imprescindible”. Por ellos estamos dispuestos a todo. Día a día nuestras urbes enloquecen en una dinámica agresiva, en donde lo material nos atrapa y nos condena a sobrepasar —abierta o encubiertamente— sobre los demás. La solidaridad, la cooperación social y el humanismo fundamentalmente, dejaron de existir entre nosotros. El motorista accidentado, el piloto de bus asesinado y las cada vez más extensas legiones de pobres pidiendo limosna, realmente nos importan poco. Nos interesa llegar a tiempo, tener ese cheque en las manos o preservar el empleo implique lo que implique. Pero déjame expresarte que una sociedad así, está condenada a convertirse en un país bárbaro y despiadado. La sobrevivencia individualista y enfermizamente competitiva, solo precipitará nuestra destrucción.

El error de subestimar a un pueblo desesperado

Opinión

Guatemala en las actuales circunstancias, evidencia el agravamiento de sus complejas contradicciones económicas, políticas y sociales. A pesar de la riqueza que proviene de sus pródigos recursos naturales, la pobreza aumenta sacrificando a la mayoría de la población, mientras la clase media se reduce aceleradamente. Somos ya el país con la tasa de desnutrición infantil más alta de América Latina, ostentamos una oprobiosa diferenciación en la posesión de riqueza, muy pocos poseen demasiado mientras la mayoría se debate entre la nada. La corrupción y la ineficiencia, arrasaron con las instituciones públicas. La impunidad revela que de 100 delitos que se comenten en el país —desde el hurto hasta el asesinato calificado— 97 quedan en la impunidad. La partidocracia corrupta se apropió de los poderes del Estado desde 1986 a la fecha. Y a pesar de la ofensiva establecida en contra de la corrupción y la impunidad, todo indica que la lealtad delictiva del crimen organizado está más latente que nunca. Todo lo anteriormente expuesto es conocido y aceptado por nuestra población, todos sabemos que Guatemala está urgida de un profundo cambio. Pero es oportuno anotar que no hemos logrado constituir una alternativa política capaz de liderar ese proceso de transformación nacional. Girar rutinariamente y sin salida en torno a esa funesta realidad, está generando un desánimo colectivo jamás antes vivido en nuestro país. Irónicamente la acción cínica, irresponsable y desafiante de los funcionarios de turno, sella el divorcio entre nuestro pueblo y una élite que desconoce la historia y la propia realidad nacional, potenciando un inevitable conflicto social de insospechables y fatales consecuencias.

El actual modelo económico colapsó

Opinión

<div> El modelo económico guatemalteco llegó a su límite, no da para más. Condiciones endógenas —pobreza, criminalidad, baja tecnificación laboral y ausencia de infraestructura— se suman a causas exógenas —el poscapitalismo y la reducción de la producción y el consumo—. El 70% de la población económicamente activa se ubica entre el desempleo y el mercado informal. Cada año 200 mil jóvenes terminan los estudios diversificados, solamente 10 mil encuentran empleo, generalmente mal pagado. Nuestra economía no se modernizó, las exportaciones siguen dependiendo de los productos agrícolas y la maquila. De no ser por los siete mil millones de dólares que aportan los inmigrantes radicados en </div><div> EE. UU., nuestra balanza comercial sería negativa y nos hubiese llevado a un colapso definitivo.   Prácticamente no existen nuevas inversiones, tanto internas como externas. Guatemala no es un destino seguro y atractivo para la inyección de capitales. Los carburantes de la economía negra —narcotráfico y lavado de capitales— forman parte activa del modelo, fenómeno perversamente funcional pero que no aporta sustentabilidad económica real. Suman ya tres años consecutivos en lo relativo a la contracción de la economía, tanto en el área de bienes como en servicios.</div>