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Guatemala, lunes 05 de noviembre de 2007

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Cultura

Desnudando al viejo Freud
Cabalgalibros: Página de literatura; no pierda su tiempo, lea
Por: Juan Carlos Lemus

Foto de portada
(Foto Prensa Libre).

Vivimos en una era en la que, afortunadamente, es posible desintoxicar a la ciencia o a las artes cuanto gozan de falsos valores que se les han atribuido durante siglos.

Individuos más o menos ilustrados, pero además científicos, suelen mamar con sumisión cualquier cosa que digan los libros de texto, las revistas médicas o los artículos que apoyan o denigran equis tesis científica. Por increíble que parezca, círculos intelectuales todavía se arrodillan ante Sigmund Freud y toman por incuestionables todas sus publicaciones.

Libros como el de Han Israëls van a las estructuras de la verdad, cuestionan los grandes edificios que han sido dados por verdades irrefutables y analizan, con ostentada precisión, cada elemento de tales “evidencias”.

El lector medio, los profesionales entusiastas y hasta dedicados eruditos desconocen, muchas veces, las contradicciones del llamado padre del psicoanálisis, así como sus fracasados experimentos sobre la cocaína y sus tesis acerca de la histeria.

Israëls divide sus investigaciones en dos partes, “Cocaína e histeria”. En ambas, una fórmula se repite: el científico fanfarroneaba, mentía sobre sus supuestos éxitos terapéuticos, se tomaba a sí mismo como sujeto de experimentación cuando obtenía resultados frustrantes con otras personas y posteriormente publicaba una imagen distorsionada del contenido de sus propias concepciones anteriores.

En sus investigaciones sobre la cocaína, que realizó a mediados de 1880, Freud creía que la administración de esa droga (que por cierto, él mismo consumía) )conllevaba al aumento de la fuerza muscular, después aseguró que si se suministraba inyectada podía eliminar la adicción a la morfina.

Uno de los médicos de la época que atendió a su teoría (la de inyectar cocaína a los morfinómanos), el doctor Albretcht Erlenmeyer, explicó así el fracaso: “Si bien sale la sustitución de morfina por cocaína, ha ahuyentado al diablo con Belcebú” (página 69).

Es decir, se conseguía una nueva adicción. Cualquier científico se equivoca, es cierto, pero Freud no sólo reaccionó advirtiendo que su crítico era un estúpido, sino, que siguió adelante experimentando con un amigo suyo.

En 1885 mencionaba una “exitosa” cura de desintoxicación, la del morfinómano Ernst Fleischl con Marxow, quien además de amigo y maestro era su prestamista, a quien, sin embargo, aceleró a la ruina emocional.

A propósito, en una carta dirigida a su prometida, Martha Bernays, Freud escribe: “Después de haber estado el tiempo suficiente cada día pensado en ti y en la cocaína, pienso en dinero y otra vez en dinero”. (Página 131).

Hemos de aclarar aquí que a Israëls no le interesa adentrarse en la vida personal de Freud, sino en el análisis de su veracidad científica, sus contradicciones y en qué medida ocultó fracasos además de mentir sobre éxitos terapéuticos que nunca obtuvo.

El doctor Carl Koller, descubridor de la cocaína como anestésico en las operaciones oculares, escribió: “Las mentiras históricas son muy difíciles de destruir” (página 42); pues bien, aquí está El caso Freud, libro trazado con notoria acuciosidad, que tiene sus fundamentos claros como el agua, y cuyo autor es tan respetuoso de la verdad como lo es de la integridad personal, incluso, la del viejo fanfarrón y mentiroso que fue Freud en algunas ocasiones.

El caso Freud

Autor, Han Israëls.

Editorial Fondo de Cultura Económica.

Colección Turner, 375 páginas.

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