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Las enseñanzas del covid frente a un nuevo virus

El coronavirus dejó muchas lecciones para la comunidad cienfítica que pueden utilizarse para afrontar una nueva enfermedad.

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Investigadores del Instituto de Salud Carlos III consiguen el primer borrador de la secuencia completa del virus causante de la viruela del mono en España. (Foto Prensa Libre: Kiko Huesca/EFE).

Investigadores del Instituto de Salud Carlos III consiguen el primer borrador de la secuencia completa del virus causante de la viruela del mono en España. (Foto Prensa Libre: Kiko Huesca/EFE).

Cuando los casos de covid se disparaban por todo Estados Unidos a principios de 2020, las autoridades sanitarias se mantuvieron en las sombras, en gran medida porque cometieron errores importantes en el desarrollo de una prueba para detectar la enfermedad.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) fabricaban la única prueba de covid disponible en ese momento en el país y, por desgracia, se descubrieron errores considerables en el diseño y la fabricación de las pruebas distribuidas por esta agencia en febrero de 2020. Este fallo, sumado a la reticencia inicial de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA, por su sigla en inglés) a permitir que algunos laboratorios autorizados desarrollaran o utilizaran sus propias pruebas de coronavirus, provocó que fuera prácticamente imposible tener acceso a pruebas en EE. UU. en las primeras semanas de la pandemia.

Ahora que el planeta confronta la viruela del mono, debemos evitar errores parecidos, tanto en lo que respecta a la vigilancia de la enfermedad como a la comunicación con el público. Aunque la viruela del mono y la enfermedad causada por el coronavirus no son iguales, sí podemos aprovechar algunas lecciones de la pandemia del coronavirus y otras anteriores: no es posible impedir la transmisión de una enfermedad que no vemos, y tampoco se puede ayudar a las personas si no se les explica qué tipo de peligro enfrentan.

Desde la perspectiva de expertos en salud pública, preocupa que la viruela del mono se propague por el mundo. Debido al acceso limitado a mecanismos de prueba y vigilancia, es difícil calcular las dimensiones del brote. En buena medida, aunque no del todo, la propagación de la viruela del mono, fuera de las regiones en las que es más común, ha sido entre hombres que practican sexo con otros hombres.

La viruela del mono es un tipo de virus del género orthopoxvirus, que por lo regular se transmite de animales a humanos. Este nuevo brote representa la primera vez que ha ocurrido una transmisión más amplia entre seres humanos fuera de los lugares conocidos de propagación del virus, como África central y occidental. Hasta ahora, se han confirmado casi 400 casos de viruela del mono en más de 20 países, entre ellos unos 12 casos en EE. UU.

En EE. UU., el proceso para detectar la viruela del mono todavía es complicado. Por ahora, si se sospecha que una persona ha contraído viruela del mono, el médico debe ponerse en contacto con un departamento de salud pública estatal o local para solicitar una prueba. Entonces, un laboratorio asociado con los CDC somete la muestra a un examen genérico para identificar orthopoxvirus. Si el resultado de ese análisis es positivo, la muestra se envía a las oficinas centrales de los CDC en Atlanta para que se realice una prueba específica de viruela del mono y entonces sea posible confirmar el contagio.

Hay 66 laboratorios de salud pública capaces de hacer pruebas de orthopoxvirus. Los CDC calculan que los laboratorios asociados tienen capacidad suficiente como para procesar seis mil 500 pruebas de orthopoxvirus por semana. Según los CDC, se trata de una cantidad superior a la demanda actual. Entre el 17 y el 24 de mayo, los laboratorios recibieron menos de 60 muestras para hacer pruebas de orthopoxvirus. Dado que algunos de los casos detectados hasta ahora al parecer no tienen relación con los viajes, el tipo de medidas que se han tomado para identificar la propagación comunitaria es una incógnita.

El problema radica en si llegaran a necesitarse más pruebas, este proceso centralizado implique una pérdida de tiempo preciado y limite la capacidad de analizar muestras. Las pruebas de viruela del mono están basadas en la tecnología de PCR. Muchos laboratorios de hospitales importantes, establecimientos comerciales y departamentos de salud estatales y de varias ciudades tienen la capacidad de desarrollar, fabricar y realizar pruebas de detección de viruela del mono con rapidez si se les da la orientación necesaria y muestras para validar sus pruebas.

Incluso si a fin de cuentas no es necesaria la aplicación generalizada de pruebas, el costo de estar preparados es bajo en comparación con el enorme costo que se pagaría si las circunstancias toman nuevamente por sorpresa al país. Si hay una mayor capacidad para realizar pruebas de viruela del mono en EE. UU., las autoridades de salud pública podrán intervenir y desacelerar la posible diseminación del brote.

Para ello, los CDC podrían dar a conocer de manera generalizada la información sobre sus protocolos de prueba de viruela del mono para que más laboratorios puedan desarrollar y realizar sus propias pruebas de detección de esta enfermedad. La FDA también podría ofrecerles orientación a todos los laboratorios autorizados para realizar pruebas de laboratorio complejas y aclarar qué tipo de facultad regulatoria, en su caso, implementarían sobre las pruebas de detección de viruela del mono desarrolladas por otras partes.

Los CDC establecen que cualquier departamento de salud estatal que confirme que un paciente tiene un orthopoxvirus debe asumir que la persona tiene viruela del mono y proceder de inmediato a aplicar medidas de contención, como el rastreo de contactos. La agencia también afirma que mantiene monitoreado el número de equipos de prueba disponibles en caso de que sea necesario incrementarlo.

Por fortuna, hay vacunas contra la viruela del mono y un antiviral autorizado por la FDA, que están listos en la Reserva Estratégica Nacional. Es esencial darles prioridad a las personas en riesgo inmediato de contraer la viruela del mono, como aquellas con algún contacto cercano reciente. Vacunar a quienes no han estado expuestos —práctica llamada vacunación en anillo— puede evitar que continúe la propagación. También debe considerarse la vacunación proactiva de quienes están en mayor riesgo. Para activar estas medidas, así como el despliegue efectivo de antivirales, es necesario el diagnóstico rápido de casos, por lo que las pruebas deberían tener carácter prioritario, junto con la vacunación.

Incluso si continúan los casos entre hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, con seguridad no seremos los únicos que se enfermen. Las epidemias de enfermedades infecciosas están determinadas por el patrón y la frecuencia del contacto entre las personas, así como el patógeno y la inmunidad y susceptibilidad de la población. La lección del covid es que las epidemias son impredecibles, y la salud de los seres humanos tiene conexiones globales: las variantes y los virus que surgen en un país pueden con facilidad cruzar fronteras y llegar a otro.

En la comunidad de personas LGBT se puede crear conciencia sobre la posible presencia de una nueva enfermedad, al igual que muchas otras infecciones comunes. En el pasado, compartir lo que se sabe sobre salud y las opciones para intervenir con servicios libres de estigmas, ha permitido guiar a médicos y comunidades.

Las autoridades de salud pública deben desarrollar e implementar una estrategia de realización de pruebas y vacunación centrada en las comunidades con más probabilidades de resultar afectadas. Si, por ejemplo, las pruebas y la información dirigida a la comunidad se concentran solo en las ciudades principales, podrían acentuarse las desigualdades sanitarias por raza, clase y ubicación geográfica. No se puede permitir que la viruela del mono se convierta en una enfermedad de quienes no tienen acceso a los servicios de salud.

Al mismo tiempo que los expertos les ofrecen servicios profilácticos a quienes están en mayor riesgo, los investigadores pueden implementar proyectos diseñados para responder preguntas esenciales sobre la transmisión de la viruela del mono. Por ejemplo: ¿el virus se encuentra en la saliva y el semen, o solo en las lesiones cutáneas? Por ahora, la falta de información científica precisa es un problema mundial, uno que podría haberse abordado mucho antes. El primer caso en un ser humano se registró en 1970, y en años recientes se han reportado transmisiones entre seres humanos. Este es un ejemplo más de la importancia de tomar en serio al interior de la comunidad científica a algunas enfermedades ignoradas, aunque al parecer no representen una amenaza real para la gente de raza blanca que vive en el norte global.

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