Identidad que tiene personalidad

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Puede que algunos se pregunten por qué debemos insistir tanto en la identidad. Es sencillamente porque solo esta me ayuda y me encauza para poder vivir con mi gente en mi tierra y ubicarme en mi historia. No hay peor cosa que no estar seguro de quién soy, de dónde y cómo estoy aquí. Si usted se da cuenta cuando dos personas se encuentran, una vez que se saludan y se presentan con su nombre, empiezan con preguntas puntuales como de dónde es y en qué se ocupa. Esto simplemente permite que me ubiquen y sepan cómo tratarme.

En estos días, por formación escolar o por costumbre o cultura, hemos conmemorado el instrumento musical que nos identifica, como es la marimba, tan interesante para los días de hoy que casi nos divide porque unos sí la valoran y la disfrutan, cuando otros la ignoran y la desprecian y muchos que ni se identifican con ella. Eso no es simplemente triste, sino doloroso, porque tiene que ver con quiénes somos y a dónde pertenecemos.

No es extraño que aquellos que por alguna razón han tenido que emigrar y radicarse fuera de su tierra pidan a un pariente que les haga el favor de enviarles algunas grabaciones con marimba o bien por la facilidad de los medios de comunicación estén sintonizando programas de marimba y vivir momentos de nostalgia. La pregunta es si cuando estaban aquí tenían la misma actitud y sentimiento para con el instrumento que hoy a lo lejos valoran.

Exactamente por esta realidad debemos ser muy cuidadosos de nuestra identidad, porque lo que decimos, cómo lo decimos, lo que comemos y cómo lo disfrutamos, el idioma que hablamos y por qué lo conservamos y cada detalle de estos nos ubica con el resto del mundo.

No importando si la vida nos ha alejado de nuestro terruño, o bien los estudios han cambiado nuestras relaciones y entorno, aún más si por razones de confesión religiosa hemos asimilado prácticas que a nosotros nos gratifican, no es razón para dejar a un lado nuestra herencia, identidad y pertenencia, la cual no solo es nuestra, sino también tenemos la sagrada responsabilidad de pasarla a la próxima generación y, si es posible, mejorada.

Permítame ilustrar lo anterior con vivencias que puedan ayudarnos a entender el cuadro. A veces, por nuestro acento o bien por el vocabulario la gente nos identifica y nos ubica con cierto grupo étnico, muchas veces cuando eso pasa en lugar de sentirnos orgullosos o alegres de que otros sí saben de dónde somos, nos tomamos el tiempo de excusar y explicar asuntos que no tienen nada que ver. Lo único que esto permite es: “Sí señor, usted está en lo cierto”, o simplemente negarlo porque no es la verdad. Personalmente creo que quien no está bien encaminado con su pasado, su futuro es muy pobre y muy posiblemente incierto.

Como seres humanos tenemos un pasado al cual nos debemos y el cual no escogemos y vivimos buscando un final gratificante para dar sentido al final a los dos extremos del pasado con el futuro. En la realidad de nuestra Guatemala, que es favorecida con una sociedad multicultural y plurilingüística sea un recurso para presentarnos al mundo como un mosaico que bendice al resto del mundo y no una competencia confortativa entre nosotros que en nada nos favorece.

samuel.berberian@gmail.com

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.