Calo Arias “Denimatrix”
En este país donde la ausencia de buenas noticias son apetecidas como agua en el desierto, esta nota tiene dos significados trascendentes. Primero, porque este premio es otorgado a las empresas que promueven las buenas prácticas en la reducción del impacto ambiental en su proceso de producción, así como por sus diferentes programas de Responsabilidad Social Empresarial y la generación de empleo para más de cuatro mil familias.
En términos prácticos, esto implica impactar a más de 20 mil personas que a su vez generan un entorno económico virtuoso para el intercambio de bienes y servicios. Desde la tienda de la esquina, las compras en el mercado local, transporte, almacenes y todo el comercio del municipio.
Y segundo, porque las empresas son tan buenas como los hombres que las crean y las dirigen. Calo Arias y la empresa Denimatrix fue escogida entre 78 empresas americanas instaladas alrededor del mundo. Justo es que celebremos con orgullo esta distinción, pues comprueba que en Guatemala se puede atraer inversión y generar empleo con un enfoque amigable al ambiente y, más importante, con un sentido de responsabilidad social empresarial, recompensando a los trabajadores con algo más que un salario digno, sino también con proyectos de beneficio comunitario.
Fundada a finales del 2008, Denimatrix es un jugador de grandes ligas en la manufactura de “high fashion denim jeans”, con una capacidad de producción de más de 600 mil jeans por mes.
Es parte de un modelo de negocio de integración vertical total que va desde las siembras de algodón a las tiendas de vestuario e incluye a los más de 10 mil agricultores de la Asociación Americana de Cultivadores de Algodón. Su casa matriz es la Cooperativa de Plains Cotton Association, PCCA. Las grandes marcas del mundo son producidas aquí: Gap, Banana Republic, Rock and Republic, Abercrombie & Fitch, Guess, y Buckle. Grandes ligas, pues Y por eso nuestro Calo y su junta directiva merecen un reconocimiento especial.
En las palabras del filósofo Fernando Savater, “libertad y responsabilidad” son las dos caras de la moneda de cambio en el contexto económico, y la ética es la estrategia que dota de eficacia y fiabilidad a la relación de las compañías con los stakeholders, que son al fin y al cabo el rasero más exigente por el que se mide la reputación corporativa de las compañías, el intangible más valioso en tiempos de zozobra.
La ética es, por último, el ingrediente esencial para la receta del liderazgo, en unos tiempos en que la búsqueda de verdaderos líderes y el exceso de gurús circunstanciales se ha convertido en moneda de cambio común.
Bottom line, como dicen los gringos —y como escribe Beatriz Lorenzo de Capital News Report—, si una empresa auna las dimensiones social, financiera y medioambiental de manera que soportan de forma equitativa el peso de la compañía, promoviendo la calidad de vida de sus empleados, entonces viene la integración real y profesionalizada, que es la clave del nuevo escenario económico sostenible.
Como fue discutido en Enade, Guatemala tiene una pobreza extrema que es incompatible con el enfoque de “yo hago lo mío, pago impuestos y lo demás no es mi problema”.
Hay que hacer más: yo voto por clonar a “Calo” Arias y su gente