Pascuas
Independientemente de nuestra preferencia religiosa, este es un buen momento para revisar nuestro actuar durante los últimos 12 meses de nuestra vida. Es oportuno reflexionar sobre nuestro proceder con otros y perdonar a quienes nos han ofendido; el pedir perdón aquellos a quienes de forma intencional o no ofendimos. Por grave que sea una ofensa, recordemos el significado del nacimiento del Hijo de Dios, que se hizo hombre para ser crucificado y así lograr el perdón de todos los pecadores.
No pretendo compartir con ustedes un sermón religioso, ni mucho menos, puesto que cada quien tiene su forma de vivir su espiritualidad. Sin embargo, considero que muchos de los desaciertos que cometemos son precisamente porque dejamos por un lado el verdadero significado de la vida, dándole demasiada importancia a lo material, y olvidando por completo la parte espiritual. Estoy convencido de que si meditamos sobre el verdadero significado del llamado a “amarnos los unos a los otros” lograremos una mejor convivencia.
Siempre insisto en mi creencia de que todo nace en uno, en la familia, y que la sumatoria de todos los hogares y su formación hacen lo que es hoy en día nuestra sociedad. Si en lo personal hemos fallado y hemos herido a otros, es el momento del arrepentimiento. En la familia se dan tantas oportunidades de vivir la caridad y el perdón. Tanto entre esposos como con nuestros hijos, que al fin de cuentas son personas individuales y también “cargan su propia cruz”. “Errar es de humanos”, y de nobles el reconocerlo y reparar el camino. La madurez y caridad hace que esto sea factible y que se dé la disposición de perdonar y apoyar a quienes tropiezan para que se levanten. ¡Todos merecemos la oportunidad de retomar nuestra vida para bien!
Ese es el sentido de la Navidad. Por eso, entre tanta pobreza y persecución, el Hijo de Dios se hizo hombre, para que de criaturas vivas pasáramos a seres humanos con alma y solidarios entre sí. Alejarnos de lo mundano material, y ser caritativos con las penas y necesidades de los demás. Por ello, en estas fechas, arrepintámonos, perdonémonos y rectifiquemos; así mismo, perdonemos a los demás y ayudémosles a rectificar. El que daño hace debe recibir amor y ejemplo de vida; eso nos hará mejores personas. Que esta Navidad nos traiga muchas bendiciones, paz, amor y un año nuevo de reconciliación con quienes nos han fallado y a quienes les fallamos. Solo así tendremos paz en nuestro corazón y esperanza de vivir en una sociedad más justa y con mejores personas. Sin violencia y con menos pobreza. ¡Feliz Navidad y paz espiritual para todos! Que Dios nuestro Señor los bendiga. “Cuando nuestro corazón sangra de dolor, obsequiémonos la caridad de perdonar a quien nos ha herido, replicando el mensaje de amor del nacimiento del Niño Dios.” CEZF.