Esta idea se desprende del documento Palacios para Dios y los hombres, las construcciones de Felipe Yurrita, escrito por Aníbal Chajón, sociólogo e investigador del Centro de Estudios Folclóricos de la Universidad de San Carlos (Cefol).
Se refiera a una capilla y dos residencias (una urbana y una campestre) edificadas por órdenes de este inmigrante español.
?Importar? el progreso
De acuerdo con el investigador, a finales del siglo XIX los grupos de élite trataron de abandonar resabios heredados del período hispánico. Por ello, durante el liberalismo (1870-1944) se propició la inmigración europea al país con el fin de buscar la realización del ideal de progreso que impulsaba el positivismo.
?Se creía que eran los inmigrantes quienes lo lograrían?, comenta Chajón. Esto explica los privilegios de que gozaron, agrega.
Incluso la distribución urbana materializó ese afán por contar con los europeos. La nueva élite construyó sus residencias hacia el Norte (italianos, principalmente) y Sur (alemanes) de la ciudad.
Reflejo de élite
El joven Yurrita, procedente de Ávila, España, vino por aquellos años y pronto se convirtió en un acaudalado caficultor. Contrajo nupcias con una joven emparentada con el ex presidente Justo Rufino Barrios.
Su riqueza y estatus social requerían, pues, de una residencia que demostrara su buena fortuna. Así que mandó construir una vivienda en las proximidades del centro económico, político y religioso.
Al contrario de lo acostumbrado, en donde el lujo no se mostraba en el exterior, sino al interior de las casas, Yurrita mandó construir un edificio con exterior ostentoso, apunta Chajón. Se trata del edificio que hoy ocupa el Tribunal Supremo Electoral, conocido como la mansión de Yurrita, terminado en 1910.
Aquella construcción, como otras pocas en la época, no sólo marcó una diferencia arquitectónica, sino que demostró, a raíz de los terremotos de 1917 y 1918, que los modernos materiales utilizados en la construcción (concreto) eran más resistentes a los sismos.
En 1928, Felipe Yurrita estrenó una nueva casa. Esta vez, una residencia campestre llamada Villa Carmen, ubicada frente a la calle Mariscal Cruz.
La obra siguió el estilo arquitectónico y el lujo de Yurrita, contaba con tres niveles e incorporó láminas de cinc, material que se popularizó en la reconstrucción de la urbe.
Un altar para la Virgen
Sin entrar en la polémica sobre los motivos de Yurrita para construir una capilla, en los que abunda Chajón, se trata de su proyecto más ambicioso: una iglesia que rivalizaba con las del centro, la cual destacaba por su inspiración.
La primera piedra se colocó en 1927 y se estrenó en 1941, pocos meses antes de que Felipe Yurrita falleciera.
De acuerdo con Chajón, ?las obras que costéó Yurrita son reflejo de una época en la que los propietarios de fincas de café trataban de afianzar su posición ante sus vecinos y lo lograron, dejando su sello en el paisaje urbano de la Nueva Guatemala de la Asunción?.