CONTRASTESMuy felices pascuas

CONRADO ALONSO

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De todo corazón quiero enviar a mis carísimos lectores los más sinceros y abundantes deseos de que la inminente Noche Buena sea para todos ustedes un momento de íntima felicidad.

Hemos estado esperando la llegada de tan significativa fecha y sería una ingratitud de mi parte no aprovechar la ocasión.

Es más. En una redacción anterior había escrito símplemente ?felices pascuas?, pero llegó de repente uno de esos apagones de luz que borró lo escrito en la pantalla obligándome a una nueva escritura. El muy cobarde no logró amilanarme, sino que me forzó, muy a su pesar, a ser más generoso y abierto.

Así que al súbito apagón deben ustedes el que haya ampliado mis deseos de felicidad y que ahora escriba para ustedes ?muy, pero que muy felices pascuas?. Lo merece tan digna celebración y, sobre todo, se lo merecen ustedes que han venido soportando, y leyendo, mis semanales columnas.

No es primera vez que me asalta tan ingrata situación, que ya me han explicado no es culpa directa de la Empresa Eléctrica. Pero, ocurre que, al estar comprometido en la explicación de lo que entiendo como felicidad, no iba a ser yo un pusilánime que cediera a su presión, cambiara mi talante, y me enojara.

La felicidad es un estado de ánimo. Quiere ello decir que puede cambiar al simple vaivén de un hecho contradictorio que le afecta, como por ejemplo el citado apagón de la luz que en un santiamén borra todo lo escrito. Como tal, merece toda nuestra atención para no permitir que quede alterado.

Los entendidos añaden a esa primera descripción ?que se complace en la posesión de un bien?. Y habrá muchas personas que cuantos más bienes posean crean ser más felices. No es ésta, precisamente, la felicidad que yo deseo para mis lectores, sino una felicidad que inunde y satisfaga su estado de ánimo.

Porque también hay seres humanos que son más felices en cuanto menos bienes necesitan. Situación que me merece mayor respeto y admiración, y que me gustaría deseársela a todos los lectores. El caso es no llegar a confundir felicidad con muchas y variadas posesiones, a veces innecesarias.

La felicidad, como estado de ánimo, no es un bien tangible, sujeto a la ley de la oferta y la demanda, ni apropiado para envolverla en un festivo papel de celofán y, mucho menos, para ofrecerla en una promoción de ofertas al consumidor entre las muchísimas que venimos soportando en estos días.

La felicidad que yo deseo para todos ustedes es esa felicidad íntima y espiritual que nace y descansa en una buena conciencia. La misma que juntos, a pesar de la distancia entre hogares, vamos a disfrutar al revivir el misterio único y maravilloso del nacimiento de Jesús en un pesebre de Belén.

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