VENTANAPrueba Crucial
?Para seguir adelante, hay que detenerse?, me dijo el Clarinero con firmeza el pasado 24 de diciembre.
?Para tus reflexiones de estos últimos días del año te traje este regalito de Navidad?.
Mi amigo dejó caer de su pico un pergamino exquisitamente enrollado. Extendí el pergamino y en él estaban inscritas dos historias reveladoras.
Una de ellas la transcribo en mi columna de hoy. La historia pertenece a la mitología griega, se llama: ?La leyenda heroica de Orfeo y Eurídice?.
?Hace miles de años vivía en Tracia un cantor llamado Orfeo, hijo de Caliope, musa de la epopeya.
Cantaba tan bien que los animales salvajes acudían a oírle, como también le escuchaban los árboles y aun las rocas. Sus acordes armoniosos acallaban la tempestad y apaciguaban las olas.
Se decía que los dioses le habían regalado su lira. Orfeo vivía feliz con su mujer Eurídice. Pero la desgracia los abrumó. Eurídice fue mordida por una serpiente y murió antes de que pudieran socorrerla.
La pena de Orfeo fue inmensa. Buscaba lugares solitarios y contaba su desgracia a las piedras y a los árboles.
Al fin, decidió descender a los infiernos y suplicar a Hades que le devolviera a su querida esposa. Al fondo de un bravío precipicio, al final de un camino subterráneo, estaba la laguna de Estigia donde surcaba la barca de Caronte.
Por fin, llegó a la sala donde se encontraba Hades con su esposa. La mirada del Dios se endureció al preguntar a Orfeo cómo osaba entrar en su reino sin haber sido llamado por la muerte.
Sin responder palabra, Orfeo tomó la lira y expresó su dolor con acordes conmovedores; después se puso a cantar.
Sus versos expresaban tal dolor y tristeza que el terrible Hades se dejó convencer y prometió que Eurídice le seguiría y volvería a la Tierra con una condición: Orfeo no volvería la cabeza atrás hasta que abandonara los infiernos y llegara a la superficie de la Tierra.
Si por temor o amor se volvía a mirar a su esposa la perdería para siempre.
Orfeo, loco de alegría, estaba resuelto a no mirar atrás antes de llegar a la Tierra. Pasó sin dificultad junto al Cancerbero, el monstruo de tres cabezas que guardaba la entrada del reino de los muertos; bastaron unos acordes de su lira para que el temible perro se tendiese dócil a sus pies.
Orfeo seguía oyendo el rumor de los pasos de Eurídice detrás de él. La salida del infierno estaba tan cerca que se veía ya la luz del sol. Pero, de repente, no oyó ruido de pasos.
La angustia le hizo perder la serenidad y se volvió. ¡Sí, su mujer estaba allí, precisamente detrás de él! Pero junto a ella se encontraba Hermes, el guía de las almas, que asía ya con su mano el brazo de Eurídice para llevársela de regreso consigo.
Orfeo la vio desaparecer y sólo oyó que musitaba un adiós, el adiós para toda la eternidad?.
La historia nos invita a hacer una pausa en silencio… Poco a poco, en mí fue surgiendo esta escena (no desde el punto de vista personal, sino una interpretación desde un enfoque colectivo).
Así como Eurídice, Guatemala también fue envenenada y descendió a los infiernos. El 9 de noviembre, el día de la primera vuelta, los guatemaltecos, así como Orfeo, bajamos al infierno y empezamos a rescatar a Guatemala.
Iniciamos el camino hacia la superficie de la Tierra. Y por momentos, escuchamos los pasos de Guatemala atrás de nosotros.
Luego vi con toda claridad que este próximo 28 de diciembre, fecha de la segunda vuelta, los chapines vamos a pasar una prueba crucial similar a la de Orfeo. Porque, aunque no escuchemos sus pasos, no podemos dudar que Guatemala viene caminando con nosotros y que, ella espera, que no veamos hacia atrás.
?¿Qué significa para ti no dudar y volver a ver hacia atrás??, me preguntó el Clarinero. Significa no votar por quien nos hizo propuestas confrontativas, de choque y de más división entre los guatemaltecos.
Para que lo mágico aparezca y se disipen las dudas, es preciso abandonar la idea de ser uno, dos , tres, y miles de chapines distintos y, por instantes, como cuando ejercemos nuestro voto, sentir que somos todos una sola Guatemala.
¡Feliz Año Nuevo!.