La razón es que los principales excesos dietéticos consisten en comidas más calóricas, grasas y difíciles de digerir. Las personas también comen en mayor cantidad e ingieren bebidas alcohólicas.
Por lo tanto, sin renunciar a las cenas tradicionales, es recomendable vigilar qué, cómo, y sobre todo, cuánto se come, y saber compensar los excesos, advierten los expertos. Si el plato principal es muy graso puede compensarse comiendo verduras y postres más ligeros.
Además del agua, los refrescos o la sidra, las infusiones digestivas ayudan después de las comidas pesadas.
Una buena planificación de la compra de los alimentos evitará que tengamos calorías extras. Si se padece diabetes, hipertensión u otra enfermedad, hay que consultar con el nutricionista para saber cómo disfrutar sin enfermarse. La comida que quede de las cenas se puede reutilizar para hacer purés, sopas, croquetas o estofados. Esta práctica rentabiliza el dinero invertido en los festejos.