Vida

Vida breveHannah Arendt -Mujeres interesantes-

En este cosmos multifacético que llega jadeante al año 2001, las mujeres en bikini de los concursos de belleza han desplazado el interés de las mujeres con masa encefálica a las de las piernas largas y desnudas.

Nuestro mundo contaminado, que será pronto enterrado bajo un denso hongo de “smog”, de mujeres cada vez entiende menos. Las publicaciones las vocean como su mercancía o pornografía, pero la gente vestida, figuras históricas, iconográficas, de cualquier época, pasan desapercibidas entre cosmonautas, futbolistas, astros de cine o de canción.

Desfilan los modelos en turbamulta carnavalesca, llamadas irónicamente “la alta costura”, pero tengo la sospecha, todos o casi todos ignoran la existencia de una Hannah Arendt, la pensadora judía-alemana, que ha sido “la pasión de la vida de Heidegger”, y que corría a su lado cada vez que éste le proponía encontrarlo.

Para “correr a su lado” la Arendt abandona su trabajo, sus amigos, sus obligaciones mientras que Heidegger reconoció ante ella y su propia esposa, que pese a esta gran pasión amorosa de su vida, no estaba dispuesto dejar a su mujer y sus dos hijos. Hay una sabia máxima de Balzac que dice: “Las grandes pasiones son tan raras como las obras maestras”.

Hannah Arendt (1906-1975), que por su agudeza filosófica es considerada una de las grandes mujeres de su siglo pasado, todavía en los últimos años de su vida, después de haber enviudado en 1970, recibió dos propuestas matrimoniales, rechazadas por ella, una del célebre poeta norteamericano Wystan Hugh Auden.

Hannah Arendt cayó bajo el veredicto de un refrán que amaba citar: “Es una maldición vivir en tiempos agitados”. Acerca de estos tiempos informa su biografía de su antigua discípula Elizabeth Young-Bruehl, profesora de la Wesleyan University de los Estados Unidos. En esta biografía se citan la correspondencia de Hannah Arendt con su primer esposo, el filósofo Gunter Anders (entre 1929 y 1937) y otras dos importantes correspondencias alemanas sostenidas por Hannah Arendt con su maestro y amigo paternal Karl Jaspers y con el jefe sionista Karl Blumenfeld, pero no la correspondencia sostenida por ella con Martin Heidegger.

La filosofía fue su primer amor, pero fue la filosofía que se encarnaba en Martin Heidegger, él nazi y ella judía. Hannah Arendt reconoce más tarde, a partir de la acrecentada experiencia de su propia vida en su obra más importante “Vita activa” “Von taestigen Leben” (1960) una casi clásica teoría de lo político: “El amor es esencialmente no sólo carente de mundo, sino inclusive destructor del mundo y por ello no sólo apolítico sino inclusive antipolítica”. Esa lucha entre el sentimiento pleno de mundo del juicio político para la opinión pública, determinó la vida de Hannah Arendt.

Solamente al final de sus días, por la soledad después de la muerte de Jaspers (1969) y de Heinrich Bluecher (1970), su segundo esposo, retornó Hannah Arendt definitivamente al pensamiento puro de la filosofía. Bluecher que no era un académico ni escritor, sino un extraordinario polemista, conoció a Hannah Arendt en la emigración en París, en 1936. Bajo su influencia la entonces comunista perdió la fe en su doctrina salvadora y bajo su influencia también escribió su obra sobre el totalitarismo. En los Estados Unidos Bluecher se convirtió en profesor de College en Filosofía.

El retorno de Hannah Arendt al pensamiento puro significa también la reconciliación definitiva con Heidegger, quien en 1924 en Marburg, como joven filósofo, despertó en la muy joven estudiante de dieciocho años no sólo la pasión del pensamiento sino también la primera gran pasión amorosa de su vida. Después de un año en Marburg con Heidegger comprendió que su amor no podía tener ningún futuro, pues el filósofo diecisiete años mayor, no pensó en ningún momento en revolucionar su vida de matrimonio, que había contraído en 1917, y no quería perder esposa y dos hijos. Sin embargo en 1950, cuando volvieron a encontrarse después de más de veinte años de separación, Heidegger reconoció ante su antigua discípula que ella había sido “la pasión de su vida”.

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