Vida

Un verano musical en Avignon

Dos recitales del cuarteto Arditti en Avignon, confirman su trascendencia, -el cuarteto Arditti.

Paulo Alvaradopresto_non_troppo@yahoo.com

|

Este año, las jornadas musicales de Avignon han alcanzado uno de su puntos más altos en el virtuosismo y la capacidad interpretativa del cuarteto de cuerdas Arditti.

Fundado hace un cuarto de siglo por el violinista inglés Irvine Arditti, este grupo se ha tornado en destinatario de una numerosísima cantidad de composiciones nuevas, no sólo gracias a sus cualidades técnicas sino por su decidido apoyo en favor de la música contemporánea, y hoy en día puede preciarse de una trayectoria que engloba abundantes premieres mundiales, más de un centenar de grabaciones fonográficas, múltiples reconocimientos e incontables cursos educativos impartidos a músicos jóvenes de todas las procedencias.

Encima, el Arditti hace gala de una entrega artística completa y de una intensidad poco común en la ejecución de lo que constituye un catálogo preponderantemente contemporáneo, en vista de que, para sus integrantes, la colaboración directa con los compositores ha sido imprescindible a la hora de abordar e interpretar músicas inéditas (cosa que no siempre pareciera lo bastante obvia para otros músicos… con ínfulas de abiertos al arte moderno).

De esa actitud, dispuesta a la comunicación y al arduo trabajo en equipo, han dependido tantísimas y muy importantes dedicatorias de parte de muchos de los principales autores activos actualmente, y también una muy especial compenetración con la música de estos días.

Dos recitales del cuarteto Arditti en Avignon, durante el pasado mes de julio, no han hecho otra cosa que confirmar la trascendencia de su contribución al arte contemporáneo, al enfocar su actuación en la obra de cuatro creadores húngaros -siempre dentro del marco de la Saison Hongroise en Francia- y cuya audición nos ha prestado una insuperable coyuntura para cotejar seis obras escritas a lo largo del siglo XX, su significación estética y sus posibles interpretaciones.

Así, de entre tres cuartetos de Bartók (el segundo, el tercero y el sexto, que él compuso durante los primeros decenios del siglo), y el Cuarteto opus 1 de Kurtág (que para 1959 propone un lenguaje innovador, pero que no termina de ligar sus diversos momentos de una forma enteramente satisfactoria), alcanzaron mayor brillo y efectividad tanto el Segundo Cuarteto de Ligeti (de 1968), como el ya comentado Cuarteto Korrespondenz de Eötvös (de 1992).

Se ha tratado de una comparación en igualdad de condiciones, porque en ambos conciertos este sobresaliente conjunto de cámara se ha metido a ejecutar todos y cada uno de los números, con una extraordinaria energía, y sin desfallecer de su concentración en momento alguno.

Pero, interesantemente, han sido las obras más cercanas las que han salido aventajadas. ¿Por qué? Acaso, por la compenetración que el cuarteto ha logrado establecer con sus compositores.

Acaso, por las expectativas tan elevadas que pesan sobre una figura ya reverenciada como un clásico (tal cual ha venido a ser Bartók). Acaso, por el relativo asombro que siguen causando los lenguajes más próximos en un público todavía desacostumbrado a la violenta poesía -o a la poética violencia- de la música de hoy.

ESCRITO POR: