Ahora que los medios de comunicación social principian a crear figuras políticas de personas que nunca han sido populares ni tienen relación alguna con la mayoría de votantes, a los cuales desconocen y ellos, a su vez, son desconocidos por los votantes, vale la pena hablar un poco de política y liderazgo, a sabiendas de que las viciosas formas de comportamiento de algunos partidos políticos, cada día son peores.

Los estudiosos de ese fenómeno social fijan 1850 como el año del nacimiento de los partidos políticos formalmente organizados. Y uno de ellos, Maurice Duverger, dice que antes de ese año ningún país, salvo los Estados Unidos, conocía partidos políticos en el sentido moderno de la palabra. Había tendencias de opiniones, clubes populares, asociaciones de pensadores, grupos parlamentarios, pero, no partidos propiamente dichos.

Cien años después, los partidos políticos funcionaban en la mayoría de naciones civilizadas, esforzándose las demás en imitarlas. El nacimiento, pues, dice Duverger, está más ligado a los grupos parlamentarios europeos y a los comités cívicos.

¿Y para qué se organizan? Para defender intereses de grupo o para destruirlos ¿Qué clase de intereses? Religiosos, en una época; expansión territorial, en otras; económicos, las demás, temas que estos días se reducen a dos, fundamentalmente: la dictadura y la democracia que, en el fondo, no son otra cosa que la expresión de los viejos intereses de dominio, para el mantenimiento de privilegios y para sofocar las manifestaciones de descontento que suelen extenderse rápidamente, cuando los motivos son suficientes.

El libro de Duverger -a quien algunos de sus críticos llaman el teórico de la burguesía francesa -titulado Los Partidos Políticos, se ha hecho viejo, pero, no deja de ser bueno. Principió a ser escrito en 1945 y la primera edición data de 1951. Ha cumplido, pues, medio siglo de ser leído en Europa, más que en América.

Después, los libros sobre temas políticos, que han convertido a la política en una ciencia, han sido lanzados al mercado por millares de títulos y por millones de ejemplares.

La afición por esta clase de literatura no es nueva. Unos trescientos años antes del nacimiento de Cristo, Sócrates, Aristóteles y Platón hablaban de política. Pero, es Aristóteles -a lo mejor el primer constitucionalista de la historia- quien pone su sello en el pensamiento occidental, pasando por los padres de la Iglesia, el Islam, la edad media, el renacimiento y su pensamiento forma parte del idealismo lógico de nuestros días.

Sin embargo, no obstante el constante manejo de términos políticos, de actitudes y declaraciones políticas, es difícil encontrar una definición aceptable totalmente de la política. Los cínicos de nuestros tiempos dicen que en política todo se vale, con lo cual intentan justificar la corrupción y el crimen.

Aristóteles pensaba que la política es ?la culminación de la Etica?, y el verdadero nombre de la ciencia moral no es la Etica, sino la Política.

Pero, llegó Maquiavelo (1469- 1527) -creador del método objetivo- y al dar a la Política el carácter de ciencia del Estado, se interesó en liberarla del fenómeno moral. De modo que Etica y Política fueron separadas.

?Nada en política -decía Aristóteles- es posible realizar antes de haber fijado de qué modo cada quién debe ser, para ser honrado. Ser honrado es poseer la virtud, por ende, si se participa en Política, hay que comenzar por ser honrado en las costumbres; por tanto, la ciencia de las costumbres es, evidentemente, una parte y aun el principio de la Política?.

Por consiguiente, sólo las personas honradas tienen derecho a formar parte de los partidos políticos. Y si la honradez es una exigencia para los miembros de base, con mayor razón lo es para quienes hoy en día llamamos cuadros dirigentes, es decir, líderes.

Pero, el cinismo reinante colocaría a Aristóteles -si todavía viviera- en una situación comprometida, porque entonces los partidos no podrían ser organizados, ni podrían tener dirigentes. El ejercicio de la política sería una libertad imposible.

Por lo tanto, en los partidos todos son bienvenidos. No importa si son asesinos, ladrones, violadores, estafadores, padres que no son familiarmente responsables, pues al final de cuentas no es la persona el alma del partido, sino el afiliado, el contribuyente y sus votos.

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