Sin tapujosLa pesadilla del Fiesta

ALEJANDRO GIAMMATTEI F.

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La travesia inicio con bombos y platillos. Prometieron que los que se subieran al barco recibirían un viaje lleno de aventuras y prosperidad. Sería un crucero inolvidable, en el cual los dueños de la nave participarían para asegurarse que los viajeros recibieran el mejor trato y se aseguraran que los que abordaran el ?Crucero Fiesta? se sentirían en extremo complacidos.

Una tripulación nueva, y al mando del ?experimentado? Capitán Ronquillo, consideraron que haría del viaje un éxito rotundo. Sin dudarlo, muchos salieron presurosos a comprar el boleto. De nada valieron los argumentos de quienes llamaban a los viajeros a que desistieran y que recapacitaran en cuanto a la calidad de las personas que se harían cargo del mando. La suerte estaba echada.

Así pues, salió el crucero en medio de gran algarabía. Sin embargo, poco duró el entusiasmo entre los viajeros, al darse cuenta que el Capitán Ronquillo tenía escasa experiencia al mando de naves de gran calado, así como que el Primer Oficial Relleno era quien realmente gozaba del apoyo del dueño de la nave. Poco a poco fueron apareciendo los miembros de la tripulación quienes resultaban ser parientes, amigos y que padecían de las mismas mañas y defectos de los oficiales al mando.

En escaso tiempo, los pasajeros notaron que el nombre del crucero ?Fiesta? se derivaba de la constante parranda de la tripulación, por lo que hubo problemas financieros y al oficial a cargo de las finanzas se le ocurrió la idea de aumentar el costo del pasaje, so pena de tirar por la borda a quienes se opusieran.

Las informaciones que llegan del crucero, indican que el Capitán Ronquillo ha perdido el control de la nave. El dueño ha tomado sus precauciones y está previendo conseguir un Capitán que se haga cargo de continuar la travesía, en cuanto las condiciones sean precisas.

Total, quienes respondían a las órdenes del Capitán Ronquillo han sido relevados del mando y los que todavía quedan están siendo presionados para que se tiren por la borda.

Además, tiene pena de provocar mayor inseguridad cuando las aguas en las que se está navegando en estos momentos están agitadas por una tormenta que imposibilitaría a otros barcos acercarse en caso de requerir apoyo.

Así las cosas, mientras la situación se dilucida, los pasajeros están temerosos pues el barco está a la deriva, los itinerarios no han sido cumplidos, las noticias de los portavoces generan mayores confusiones y prácticamente no hay ley en la nave.

Dios socorra a los pasajeros del Fiesta. Les dé paciencia mientras la comida escasea, los servicios se vuelven y las políticas del ?all you can drinkd and eat? siguen siendo exclusivas de los dueños del crucero y la tripulación.

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