Vida

César Silva

Su escultura fue seleccionada entre las demás para ser obra pública

Este artista, perteneciente a la generación del 90, compartió recientemente con José Domingo Beltethon el primer lugar en el segundo Festival de Arte en Concreto, patrocinado por Cementos Progreso y realizado en la ciudad de Antigua Guatemala.

Este galardón le dio el pase para representar a Guatemala en otro Festival de Escultura que se llevó a cabo en la ciudad de Seadrift, Texas (USA), en el Golfo de México, lugar al que Silva viajó por los auspicios de la Fundación G&T.

A la convocatoria asistieron creadores de distintas nacionalidades europeas y norteamericanas. Todos los participantes, a excepción del escultor guatemalteco, fueron invitados por su trayectoria. También hay que mencionar la presencia de Dieter Erhard quien es el organizador general del Festival en ambos países.

La pieza de Silva, que terminó siendo un monumento por sus dimensiones y características, representa en líneas generales a tres figuras -abstraídas de la naturaleza- remontando en el aire. Estas reposan en el extremo de tres soportes de tubo galvanizado. En este caso Silva planeó que al fusionar las posibilidades que da la altura, 6.3 metros hasta la base expuesta, con el peso individual de cada elemento superior, se lograría la producción de movimientos manipulados al azar por las corrientes de aire.

Las tres formas estilizadas de concreto sólido tienen integrados unos salientes de alambre galvanizado que explayan de cada figura. A su vez estos dan soporte a similar número de multicolores bolas de hule que juegan también libremente con los movimientos del aire.

El uso de estos elementos se debe al interés que el artista mantiene en el uso de ciertos materiales no convencionales. Las texturas del martelinado y los grafismos que arañan ambas caras son valores complementarios que atrapan y reflejan diferentes tonalidades de luz, dependiendo de la hora e intensidad con las que el sol las baña.

En este caso, el artista esta realizando una síntesis de formas orgánicas por medio de una metáfora cinética que recontextualiza la función del monumento público como reflejo de la cultura occidental contemporánea. Aquí el objeto escultórico discute, por la disimilitud de los materiales, las reglas convencionales que rigen a la escultura.

Además el producto pierde su característica de ente estático ya que siempre estará en movimiento.

El conjunto llamado Pajaros se integra al ambiente por estar en un área al aire libre, en la entrada de la ciudad, sobre la vía principal que atraviesa la misma. Esa escultura fue seleccionada entre las demás para ser obra pública y recibir al visitante que acude al lugar. Las otras creaciones quedaron en el parque de esculturas de la galería anfitriona.

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