No hay figura femenina que se resista a ver. Antes de acercarse, desde lejos sigue con atención aquella mujer que seguramente tendrá unos 20 años menos. Como quien no quiere nada, se aproxima y hace una pregunta neutra con la que inicia conversación.
Es galante, amigable. Quiere hacer creer a las patojas que esa invitación a refaccionar no tiene segundas intenciones. Es, dice, sólo por platicar un “ratito”.
Los viejos verdes se hacen acompañar de mujeres varias décadas más jóvenes que ellos. Hombres coquetos que se resisten a aceptar que ya son señores y que tienen que usar pantalones menos ceñidos que cuando tenían 25 años y presumían un abdomen plano que creció a su gusto en la inercia de una silla de oficina.
A sus años, se las saben todas en cuanto a asuntos femeninos se refiere. Frecuentan los lugares a donde va toda la patojada, se hacen amigos de los amigos de sus hijos o sus sobrinos y son un patojo más en el grupo. Van con ellos al gimnasio, a la discoteca, la playa.
Se mantienen en forma y, a la menor oportunidad muestran sus músculos, que a fuerza de ejercicio aún permanecen firmes.
Algunos de estos señores presumen con un buen carro o una buena moto que combinan con una chumpa de cuero.
Los “con pisto”
Estos ponen a su servicio toda una maquinaria para hacer sentir bien a aquella jovencita que los tiene alborotados. Le dicen lo bonita que es, lo bien que se viste, que a pesar de sus años de experiencia nunca imaginó conocer una mujer “tan especial”.
La invitan a cenar en restaurantes caros y antes de reunirse con ella, peinan su cada vez más escasa cabellera que guarda reminiscencias de cuando Elvis era la estrella del momento.
Pero no siempre les va bien. Uno de estos señores invitó a salir a la amiga de una de sus hijas y la muchacha no sólo lo rechazó, sino que nunca se volvió a acercar a su casa.
Otro señor se afanó en conquistar a la madre y a la hija. La señora, con más experiencia se le plantó y le pidió que no la molestara. La hija, de unos 17 años, tenía los ojitos puestos en un compañero de colegio. Pero el señor insistía e insistía y ella se negaba y se ocultaba, hasta que al caduco Don Juan no le quedó más remedio que buscar a otra jovencita.
Amor sin interés
Ojo, que no todos los viejos verdes tienen pisto. Por ahí se ven muchos hombres mayores que dejaron a sus compañeras de toda la vida para irse a vivir con una jovencita. Otros son como los marinos, que amparados en su trabajo como vendedores, choferes o agentes viajeros, tienen un amor en cada pueblo.
También hay viejas verdes que van por la vida iniciando muchachitos en estos asuntos de amores. Una de ellas le echó el ojo a un adolescente y, de cuando en cuando lo iba a traer al colegio, lo invitaba a almorzar y lo demás es historia.
No cabe duda que en estos asuntos del corazón no hay nada escrito y nadie sabe cuándo va a llegar el amor.
Si no que lo diga Michael Douglas, que es 25 años mayor que su esposa, la actriz Catherine Zeta Jones, o don Luciano Pavarotti, con su esposa Nicoletta.