Esto debido a que la tentación de autopromoción podría llegar a ser tan grande que sería fácil perder de vista la dimensión histórico documental que me he impuesto para esta columna. Sin embargo, y contra la costumbre, en esta ocasión no puedo evitar hacerlo debido al grado de satisfacción alcanzado como parte del elenco de la obra infantil La lista de Navidad y el encuentro con un grupo de talentosos artistas que dan vida a esta historia.
Durante los veinte años que tengo de hacer teatro -si no lo apunto aquí no va a quedar registro- jamás acepté ningún papel en trabajos destinados para público infantil. Esto porque había escuchado la fama de críticos instantáneos que poseen los niños y, por que no decirlo, le temía a su falta de protocolo. Sin embargo, luego de leer el libreto que el director de la obra le había ofrecido a uno de los miembros de mi grupo CETAU- sentí que el escozor de la envidia me invadía.
Independientemente a lo que me gusta la Navidad, el contenido de la historia escrita por Estuardo Galdámez no sólo era bueno sino que además era claro y coherente.
Mi deseo de estar en La lista de Navidad ha de haber trascendido a través de alguna onda cerebral ya que a los pocos días me ofrecieron el rol de otro actor que, incomprensiblemente, había rechazado su papel.
Este hombre no tiene idea del favor que me hizo, creo que de otra manera no hubiera aceptado nunca el reto que me suponía una obra de esta naturaleza.
Si bien me amedrentó un poco el enterarme que tendría que bailar tres coreografías, también me sorprendí cuando vi que a pesar de lo robusto y de los más de 7 lustros transcurridos no estaba tan cleto, al menos no tanto como supuse, y aún podía moverme como en aquellos lejanos años de los musicales producidos por Kodaly.
Ya con el libreto en la mano, la meta era representar al juguete bombero que alternaría con jóvenes artistas como Nelly Castillo, Luis Román, Karen de la Rosa, Mónica Sánchez, Odette Alvarado, Oscar Clavería, Rodolfo Romero y el actor adolescente, de 13 años, José Carlos Penagos.
El único que traspasaba en el elenco con amplio margen la barrera de los 30 años era yo, los demás, salvo Penagos, aún se encuentran entrados en los veintes.
En pocas palabras, de golpe y porrazo, dejé de ser actor joven y esto sí era una tragedia, lamentablemente, inevitable.
¿Cuál es la magia de la Lista de Navidad? En gran medida los elementos que la conforman y que ya mencioné, pero también otros aspectos formales que la hacen una pieza sencilla e inteligible para todo el público. Entre estos destaca la exaltación de valores como la amistad, la solidaridad, el trabajo en equipo, la capacidad de perdonar y la posibilidad de sublimar el dolor hacia actitudes más positivas.
Al final la respuesta que los niños nos han brindado también ha sido un paliativo para la indiferencia a la que los artistas nos tenemos que enfrentar constantemente. Estos, al final de la obra, se vuelcan conmovedoramente hacia el escenario junto a sus padres y nos transmiten el mensaje claro de que fuimos capaces de hacerlos soñar, que cumplimos con recrear la misión escrita en su texto por nuestro emotivo dramaturgo y director, Galdámez.