Palabras de papelFallidos propósitos
El año pasado por estas fechas le comentaba que esta época es propicia para tomar sacrificadas resoluciones, aunque pasado corto tiempo tales propósitos naufraguen en el mar de las buenas intenciones, porque la carne es débil.
Le contaba de los múltiples fallidos intentos de mi amigo Rodolfo para dejar de fumar. A principios de 2001, juró porfiadamente que este año sí abandonaría el humeante hábito, como lo había prometido anteriormente con el mismo fervor. Pocos días después, ahí estaba expeliendo cancerígeno humo por la boca y narices.
Semanas más tarde hizo otro intento que se convirtió en un chasco más, de manera que su reincidencia ya era proverbial en el amplio círculo de sus amistades. A mediados de año, Chofo seguía con la chenca casi chamuscándole los dedos de la mano derecha y dándole ansiosamente el golpe al venenoso cilindro de tabaco.
Sin embargo, contra el generalizado escepticismo de sus contertulios, Rodolfo dejó de fumar hace dos meses. Aunque tardíamente respecto a la fecha de su última promesa, ha cumplido su propósito de 2001, al menos hasta hoy.
El otro caso, el de mi compadre Bernardo, es patético, pues sus períodos de abstinencia alcohólica se han reducido en la misma proporción como han aumentado sus etapas de remoje, pese que a principios de todos los años se encuentre sobrio, a medio palo o bien a pichinga, promete que va a dejar de ingerir bebidas embriagantes.
El pasado primero de enero no fue la excepción. Tampoco cumplió, desde luego. Antes de Nochebuena que lo visité, para llevarle un regalo a mi ahijado, tenía un mes de estar en furia, pero con el firme propósito de dejar de beber en enero de 2002. A partir de mañana abandona su despreocupada existencia.
Y mi prima Doris, de quien también les conté la vez pasada, es un simpático ejemplo de golosa obstinación. Ella se desplaza majestuosamente con sus 250 libras a bordo, encima, debajo y alrededor de toda su esplendorosa circunferencia.
Me acaba de contar que otra vez se propone bajar de peso, pero mientras llega la fatídica fecha, la mañana de Navidad se comió dos tamales de carne, acompañados de sendos pocillos de chocolate, antes de despacharse tres porciones de pastel y de haberse tipujado cinco pirujos, media docena de rellenitos y unos cuantos chuchitos con loroco. Previo al desayuno, que conste.
En resumen, Chofo está logrando su promesa de Año Nuevo, y Nayo y la Doris persisten en sus fallidos propósitos. ¿Y usted qué se propone para 2002?
(Romualdo le dice a su tía decididamente gorda: Pruebe una noche a quedarse a dormir en la calle, a lo mejor a usted también le roban las llantas).