Sentido comúnComparando desatinos
En un dia como cualquier otro, esperando vuelo en el aeropuerto de Miami, leo noticias sobre una variedad de hechos desordenados y hasta trágicos que muestran cómo la intervención de los políticos (eufemísticamente llamados el gobierno) desordenan las cosas en todo el mundo.
El mismo día en Argentina el gobierno se encuentra en una crisis tan seria que imponen estado de emergencia. (En la noche me entero que el gobierno cayó). Leemos que en Brasil, donde el gobierno dirige la electrificación, el consumo de energía lo habían tenido que racionar por ley. Que en Japón, en crisis, el gobierno implora a los depositantes tener fe en su sistema bancario exageradamente manipulado por el gobierno. Un día típico.
No puedo evitar contrastar esos persistentes desastres nacionales con el orden espontáneo del mercado donde si bien hay fallas sus efectos son limitados. Observo la maravillosa organización de la gran red privada de aerolíneas que no ha sido planificada por gobierno alguno. Admiro el tráfico ordenado de personas y equipo con toda la logística del caso y de actividades auxiliares todas sincronizadas para aprovechar el tiempo de los pasajeros y del personal, así como para aprovechar el enorme capital invertido en aviones y equipos auxiliares.
Aun cuando la planta física de los aeropuertos sea de los gobiernos, lo más difícil y admirable es la red de vuelos ocurriendo en ese mismo instante en todo el mundo, todo voluntariamente, sin que los gobiernos participen en la dirección. Sería simplemente una estupidez pensar que los gobiernos o las Naciones Unidas, por ejemplo, podrían organizar y operar semejante red en la forma económica como se lleva a cabo libremente en el mercado.
Reflexioné sobre cómo los gobiernos (los políticos) con la asistencia de burocracias extranjeras -han contribuido a arruinar las economías del mundo subdesarrollado y como la imposición de las ideas de unos pocos, democráticamente electos o no, adquieren poder absoluto, y arruinan a tantos millones, a quienes para poderlos arruinar primero les quitan su libertad.
Lo peor es que no se desprestigia la idea de que los gobiernos pueden manejar las cosas mejor que los particulares intercambiando pacíficamente en el mercado. Si los gobiernos se limitaran a mantener las reglas del juego (el régimen de derecho) ya no habría países pobres porque cuando no se impide, la economía camina hacia delante sola, aunque imperfectamente.
Las arbitrarias y presuntuosas interferencias de los gobiernos en las economías han sido carísimos experimentos y peor aún cuando ya es bien sabido que el mercado sin ser perfecto tiene sus mecanismos coordinadores impersonales y voluntarios, sin la coerción inherente a la acción gubernamental. Cuando los particulares fallan las pérdidas se limitan a su propio patrimonio y no al de toda la nación.
¿Por qué cuando el gobierno no se mete no hay recurrentes crisis? Claro, problemas siempre habrá porque no vivimos en un mundo perfecto, pero otra cosa es la crisis permanente en todo lo que el gobierno se mete, desde educación hasta salud y comunicaciones. Pero como los gobiernos tienen mínima intervención en las comunicaciones aéreas, vemos pocos problemas y de efectos limitados.
Por fortuna los gobiernos no se meten en decir dónde, cuándo y cuánta comida hay que producir y distribuir todos los días. Por ello confiamos ciegamente que estará disponible en todo vecindario para quienes la quieran y puedan comprar. El día que se meta el gobierno (los políticos) habrá racionamiento, bochinches, estado de excepción, robos y hambre. Se acabarán los tamales.