Vida

Vida breve: Kafka y sus miedos

Las pesadillas cambian de una época a otra

Kafka es el escritor que ha sabido crear en sus obras literarias el ambiente del ?miedo contemporáneo? y es uno de los pocos que, una vez leídos, quedan en el interior de cada uno de nosotros.

Entran bajo la piel, modifican la conciencia de sus lectores al cambiar nuestra imaginación, al expresar el miedo metafísico de haber nacido y ese nuevo miedo de nuestro tiempo de no ser más que un número entre números, una cifra entre cifras, un número pegado a las espaldas como el que llevaban los deportados en los campos de concentración. Y además ese gran miedo de tener que presentar nuestros descargos tanto ante Dios como ante un pequeño funcionario de despacho judicial.

De presentar nuestros descargos por la sola razón de haber nacido, lo cual es ya un crimen en algunos países, de presentar nuestros descargos porque el poder existe y es ya un crimen pedir un pasaporte o un permiso de trabajo. Se es culpable ante un dios incluso si no existe, y se es culpable si se pide un simple permiso de conducir o de residir. Se es culpable ante un vacío, y en el ?decorado? kafkiano para expresar este gran miedo contemporáneo son siempre las mismas escaleras, los corredores y las puertas cerradas. Es la oficina, la administración, el ?Castillo? del poder impersonal. Hay que entrar en el ?Castillo? de Kafka y en la ?Noche de Walpurgis? de Joyce, presenciar las confesiones de Jean-Marie Clamence de ?La caída? de Camus, y en el barrio reservado de Amsterdam, mofarse de la historia con Padre-Ubu y esperar lo inevitable con Beckett.

Se puede caracterizar nuestro universo, nuestros sueños, nuestras pesadillas y nuestra mala conciencia con otros ejemplos o con nombres diferentes. Se puede pretender que este universo contemporáneo es más o menos absurdo o más o menos grotesco. Pero esto no cambia nada. Es nuestro tiempo y las pesadillas cambian de una época a otra. Beckett ha retomado el tema del castigo de haber nacido, del surgimiento en el vacío. No existe ningún dios a quién reclamar por el sufrimiento.

Si el ?Ulises? de Joyce fue un libro de génesis para todo nuestro siglo pasado, la ?Noche de Walpurgis? es el verdadero comienzo de todos los teatros modernos.

La mezcla de obscenidad y de la poesía en el capítulo de la ?Noche de Walpurgis?, el monólogo interior y la máscara pegada al rostro del personaje trágico, el clown, el desdoblamiento de la persona, el disfraz y la ambigüedad del sexo, es una farsa grotesca de los arquetipos trágicos de Joyce y de Kafka. La comedia trágica de Chejov es diferente, y también en Beckett: todas las ilusiones se han derrumbado, la casa, los recuerdos y los objetos se han evaporado. El tiempo no tiene sino una dirección, conduce a la destrucción y a la muerte. Y sin embargo existe la espera de lo imposible, la espera que es lo único que puede dar significación a la vida.

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