Vida

Alejandro Cuchilla, galería El Áttico

Uno de los debates más agrios de la actualidad es el de la modernidad del realismo.

En este momento cuando iniciamos un tercer milenio, en el cual se pone en cuestión la validez del informalismo, el expresionismo abstracto y la pintura – pintura es lógico que la figuración realista, tal como superficialmente se entiende, parezca anticuada.

Sin embargo, no es de extrañar tal actitud, esta querella estética no es ninguna novedad.

Paradójicamente, el realismo, tal como lo entendemos desde Coubert, nació de una actitud rebelde e innovadora. A pesar de ello, este artista admirado por Picasso, De Staël y Balthus, y pese a su posición revolucionaria, continúa siendo, en ciertos aspectos, deudor de ciertas convenciones visuales.

Alejandro Cuchilla pertenece a un grupo de figurativistas al que bien podemos llamarle realista, cotidiano e intimista. Nos ofrece su versión de la condición humana, utilizando para ello el dibujo de depurada y bella técnica, logrando una buena y elaborada factura, titubeante, a veces, en el color.

Cuchilla va a cuestas con nuestro eterno drama de la pobreza, soledad, aislamiento, con sus posibles paralelos en todo el mundo. En este sentido Cuchilla muestra un verbo maduro para erigir su realismo propio, que amplía a otros personajes humanos dentro de los espacios delimitados, dirigidos a subrayar la imaginación representada.

Otra, con perfiles claramente sociales, denunciados en su manera de estipular la pobreza, pero el aire de misterio que confiere a sus descripciones lo salva de convertir su arte en un panfleto. Cuchilla desvanece el color, lo cual hace más evidente la fuerza de la imagen, y consigue, que es lo más bueno, una pintura densa en apariencia y contenido.

Este pintor también lo demuestra en esta narrativa de precisiones ópticas. Cabe la acentuación personal, así como su capacidad de encontrar ciertas metas en la formulación de algunas de sus obras. Pero, posiblemente, sea en la figura donde encontramos la clave de su capacidad imaginativa más importante; hay en ellos fabulación satírica, como la figura de la mujer rodeada de pequeños focos de luz; hay desgarre narrativo y hasta cierto acento surreal, que nos hace olvidar su aspecto de colorista.

En una época en la cual se han ido sucediendo el arte pop, el hiperrealismo y otras tendencias que han querido expresar lo natural, es necesario intentar saber cuál es el puesto que internacionalmente ocupan pintores como Cuchilla o Iraeta, quienes se expresan con un realismo cotidiano, y representan un mundo de aspecto más bien humilde, vulgar, y en apariencia, tradicional.

Sin negar la importancia de cualquier tendencia, se debe hacer elogio de los realistas. Pintores que retratan una realidad que está ahí, y por lo tanto es auténtico, son también continuadores de una larga tradición sin cesar renovada que, al igual que Schopenhauer, creen ?que la representación de la esencia del hombre es el fin más elevado?.

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