AL MARGEN DEL DISCURSOCon las migajas en la mano
Como era de esperarse, el contenido de la propuesta elaborada por los conciliadores respecto del tema de Belice, difícilmente satisfaga las expectativas nacionales. Y es que ahora se puede hacer una evaluación del desempeño, a la luz de los resultados obtenidos, principalmente en términos de estrategias de las partes que han tenido conflicto de intereses.
Para empezar, ha quedado claro que a la reivindicación territorial planteada por el Gobierno de la República, como posible solución al diferendo, nunca fue considerada como una opción seria. Es triste reconocerlo, pero un somero análisis de las actitudes asumidas por el Gobierno de Belice, a lo largo de los años, hubiera sido suficiente para prever que detrás de esa iniciativa abanderada por la OEA, no iba a haber nada favorable para las reclamaciones del país.
Sobra decir que si algún tema nacional ha tenido meridiana continuidad, ese ha sido el caso de Belice. El Consejo creado para el efecto, con la participación de los mejores juristas nacionales así lo confirma, pero no hay duda de que en la jugada se manejan intereses de terceros, como El Reino Unido, México y Honduras, por mencionar lo más evidente. Bajo esas condiciones, queda claro que Guatemala ha sido halada a sí misma.
De esa cuenta, hasta en los foros multilaterales hemos sido humillados, pues nunca se pudo obtener ni siquiera el apoyo diplomático de los países centroamericanos. Mientras tanto, las mejores galas de prepotencia, abuso e irrespeto a la soberanía se han puesto de manifiesto en la llamada línea de adyacencia.
Para ejemplificar lo aseverado, jamás se ofreció ni siquiera una disculpa por ninguna de las afrentas cometidas en contra de campesinos guatemaltecos, consistentes en asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, secuestros, destrucción de viviendas y cultivos, así como la depredación de recursos forestales y arqueológicos, amén del trasiego de drogas e inmigrantes.
No es que se pretenda asumir una posición belicista, porque no viene al caso. Pero, como bien escribió recientemente Oscar Clemente Marroquín, no hay duda que Guatemala ha navegado con su buena fe bajo el brazo, mientras Belice se solaza en el desarrollo de amplias estrategias en el campo internacional. Una dirigida a los países del Caribe, pertenecientes a la mancomunidad británica de naciones, y, la otra, orientada a nuestro propio patio grande: América Latina.
En ese sentido, Belice ha jugado sus cartas no sólo por medio de la diplomacia, sino también a través de los medios de comunicación. Un ejemplo muy claro lo ha constituido la programación de la BBC de Londres, ya que su información hacia los países caribeños tiene un poderoso sesgo, ya que cuando se habla del problema Guatemala aparece como potencial agresor.
Por supuesto, nada que ver respecto de las incursiones del ejército Beliceño. Por el contrario, en las difusiones en español para América Latina, sólo se ha dejado que corra la terrible imagen que nos hemos creado: En ese contexto, la estrategia camina sola.
Lo bueno es que, con las migajas en la mano, ahora se pueda presumir, por lo menos de haber asumido una actitud conciliadora todo el tiempo. En consecuencia, el camino parece estar más claro ahora, pues el paquete que incluye la propuesta no satisface elementales reivindicaciones por parte de Guatemala. El producto, no ha sido el que se pretendió vendernos a través de la OEA: La propuesta no brinda una solución digna como el país esperaba.
Finalmente, se tiene que ser muy consiente en el sentido de que el ambiente nacional no está para jugársela a consultas populares como fue propuesto. Por muy importante que parezca ser el tema, difícilmente se puede pretender que a través del referendo, la población pudiera avalar un proyecto que advierte la defensa de los derechos de Belice, pero no considera, las justas reclamaciones de Guatemala.
Este asunto, seguro va para largo.