PALABRAS DE PAPELComunitarios marginados

EDUARDO P. VILLATORO

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Si a usted le agrada escuchar música clásica por radio, tiene poquísimas opciones. Para ser preciso, no hay alternativa, salvo algún programa aislado. Sólo le queda sintonizar Radio Faro Cultural. Pero esta radioemisora se encuentra en trapos de cucaracha, por mucho empeño que le dediquen su director y su personal para salir avante en su compromiso con la cultura, al extremo de que sus estudios se ubican en uno de los húmedos sótanos del complejo arquitectónico Miguel Angel Asturias.

Traigo a colación este patético caso porque, pese a sus adversidades, Radio Faro Cultural se salvó por un pelo de desaparecer del cuadrante, mientras que, según personeros del Consejo Guatemalteco de Comunicación Comunitaria, la Radio Nacional TGW y las radioemisoras oficiales del interior del país pasarán a la historia y al olvido.

Ocurre que el Gobierno dispuso ceder esas frecuencias a organizaciones de la sociedad civil, lo que debería ser motivo de satisfacción y contentamiento, si no fuera por determinados inconvenientes.

En primer lugar, decenas de locutores, operadores y personal administrativo de las radioemisoras oficiales de 18 cabeceras departamentales podrían quedar cesantes, a menos que las organizaciones de la sociedad civil que se beneficien con las frecuencias decidan absorber a todos esos trabajadores.

Pero lo que disgusta sobremanera a los directores y miembros del citado Consejo es que el Gobierno, al emitir el acuerdo respectivo, no tomó en consideración a las 280 radioemisoras comunitarias que operan en todo el país, como si éstas no existieran o los grupos sociales que las manejan no valieran la pena, no obstante su contribución al desarrollo de sus comunidades.

Estos conglomerados radiofónicos no se oponen a que se concedan frecuencias a las organizaciones de la sociedad civil, porque desde hace cinco años han venido pidiendo esa concesión; pero demandan que se tome en cuenta a las radioemisoras comunitarias, pues no desean seguir operando sin contar con la seguridad del usufructo de tales frecuencias.

Tampoco pretenden que se despoje al Estado de las emisoras que tiene a su servicio, sino que aspiran a hacer uso del 25% de la totalidad de las frecuencias, y por eso piden que el Congreso discuta y apruebe el proyecto de la Ley de Radios Comunitarias, en su poder desde hace tiempo.

(Romualdo se enteró que en una emisora departamental aprovecha los servicios de cierto locutor que habla muy lento, sólo para narrar procesiones).

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