SENTIDO COMUNProgreso artificial y precario
Para progresar hay que tener presente que no hay mucho margen para error, que es muy fácil fallar, que la riqueza se puede perder, que es más fácil destruir que crear, que lo que se pierde nunca se repone, que no bastan intenciones, que hay que acertar en la asignación de recursos, y que la realidad es implacable.
El estado natural es la pobreza y el progreso es artificial. Progresar consiste en transformar recursos en satisfacciones, pero si al final del día valoramos lo que logramos en menos de lo que gastamos nos estamos empobreciendo.
Aun cuando se progresa, el orden de magnitud es pequeño, pues las tasas típicas de crecimiento son del orden de 2 ó 3% y un 6% es fabuloso. El pronóstico del FMI respecto de América Latina en el 2002 es que será negativo (-0.6%). Claro, ese dato hay que entenderlo como promedio, pues el producto en Argentina y Venezuela ha bajado 16% y 10% respectivamente este año.
Guatemala nos dicen que creciendo en términos absolutos pero la población está creciendo más rápido aún, de manera que per cápita se está empobreciendo. Chile sigue creciendo (1.7%) a pesar de la crisis de sus vecinos del Mercosur, lo cual sugiere la pregunta, ¿qué tal le hubiese ido si hubiese ingresado al Mercosur? En lo que va del año, Japón (-0.7%) y Suiza (-0.4%) y el Area Europea (0.6%).
Para atinar en la asignación de recursos es indispensable que los precios reflejen la realidad y que no estén distorsionados por interferencias ajenas al mercado. Si se distorsionan los precios estamos a ciegas y las cifras podrían mostrar resultados positivos según esos precios pero la implacable realidad se impondrá. No podremos ni siquiera diagnosticar la situación si falseamos los precios.
Por ejemplo, supongamos alguna producción que sólo es rentable con un subsidio de los consumidores. Su producción formará parte estadística del producto nacional, pero si realmente necesita del subsidio para sobrevivir, es porque los recursos gastados tienen un costo de oportunidad mayor que el valor de esa producción; la diferencia es una pérdida que no se borra de la realidad sino sólo de la contabilidad. Para saber si alguna actividad agrega o resta riqueza, habrá que restar de su ingreso el subsidio. Si la ganancia es falsa, cada unidad producida habrá causado una pérdida real adicional.
El hecho que los recursos empleados tienen precio demuestra que tienen otros usos rentables que habrán sido desplazados por los usos subsidiados. Cualquiera entiende que si los recursos empleados para producir un producto cuestan más que el precio al que se podría comprar, se está perdiendo la diferencia y se está empobreciendo o dejando de ganar.
Absurdo es inducir el empleo de recursos con medidas artificiales porque la realidad es implacable y las pérdidas son reales a pesar de que las estadísticas contables suman la pérdida como si fuese positiva.
La interferencia de los gobiernos en la economía es empobrecedora pues distorsiona y agrava las cosas. Algunos ejemplos: con salarios mínimos por ley, los salarios bajan porque aumentan la oferta de trabajo y disminuyen la demanda; los intentos de redistribuir la riqueza disminuyen la rentabilidad de crearla; el intento de dar seguridad en el empleo a trabajadores, les quita poder de regateo y movilidad, lo cual se traduce en menores salarios, etc.
El mercado será imperfecto porque el mundo es imperfecto, pero distorsionarlo con la más imperfecta interferencia económica del gobierno no es muy inteligente.