PALABRAS DE PAPELDescarada negligencia

EDUARDO P. VILLATORO

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Algunos airados lectores me llamaron por teléfono y otros me abordaron personalmente; pero yo creía que estaban exagerando, hasta que no me cercioré de lo que ocurría en el sitio indicado.

A las 9.35 de la mañana del martes me encontraba al final de la calzada San Juan, cabalmente en la bifurcación del flamante bulevar El Caminero y la carretera que conduce a San Pedro y San Juan Sacatepéquez.

Una veintena de hombres se diseminaba en un área de alrededor de 40 metros cuadrados, tomando las cosas con tranquilizadora calma, para no alterarse los nervios. Mientras unos platicaban entre sí, otros utilizaban sus herramientas de trabajo con despreocupante parsimonia.

Los operarios de dos excavadoras y dos tractores, para no exasperar a sus compañeros de faenas, también sostenían amena conversación, vigilados desde lejos por circunspectos policías, que con natural espontaneidad se habían contagiado de la pachorra del ambiente. Es que después de una tarde y una noche lluviosas, el radiante sol de esa mañana invitaba al ocio relajante, o por lo menos a la negligencia laboral.

A las 12.30 del mediodía, cuando retorné para observar si por una extraña razón se hubiese apoderado alguna febril actividad en el ambiente, obreros y operarios se habían esfumado. Sólo un hombre con atuendo de burócrata municipal caminaba bajo el puente, como si revisara el avance de los trabajos.

Tres horas más tarde, nadie aparecía por allí.

Tengo la sospecha de que funcionarios del gobierno central y de la municipalidad de Mixco disimulan muy bien su interés por la desventura de decenas de miles de personas que necesariamente transitan por el sector todos los días, sobre todo durante las horas pico, cuando se forman largas filas de vehículos de toda clase a ambos extremos del puente El Caminero.

El desánimo, la frustración y el coraje reprimido se asoman en los ojos de automovilistas y sus acompañantes, así como de choferes del transporte colectivo y sus pasajeros, que diariamente, al iniciar y terminar la jornada laboral, para recorrer un tramo de dos o tres kilómetros, consumen alrededor de una hora, sumidos en el fastidio, la lluvia y el bochorno.

Un día de tantos los guatemaltecos deberíamos estallar de indignación.

(Cierto ingeniero municipal le aseguró a Romualdo: Se asfaltará de nuevo el bulevar El Caminero hasta El Milagro, y de ida y vuelta, para más lujo).

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