CONTRASTESLos simpáticos euros

CONRADO ALONSO

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Simpáticos, digo, al incluir la connatural simpatía que adorna a los padres de tan genial idea como es la de querer colocar en el mundo bursátil un montón de papeles que retribuirán al Gobierno, si bien les va, la suma de unos setecientos millones de dólares. Son simpáticos, y agraciados, los muchachones pensantes.

Simpáticos, añado, porque, si en anatomía se llama ?gran simpático? al conjunto de nervios que rige el funcionamiento visceral, en esta otra anatómica ciencia de las finanzas la idea, la creación legislativa y la salida a la bolsa de los eurobonos ha parido un sinfín de opiniones viscerales quebranta nervios del inversor.

Dígame usted, carísimo lector, cuándo la emisión de unos certificados de depósito ha promovido la inquina, la oposición, el desbarajuste y la zozobra, hoy predominantes para acabar de calentar la cabeza del cuidadoso padre de familia que, velando por sus ahorrillos, los quiere invertir en algo un poco mejor que lo actual.

El Comité de todas las asociaciones comerciales, agrícolas y financieras, atento -siempre- al bien común ciudadano, previene que no se invierta en tales eurobonos porque, si sus recursos legales prosperaran, puede perderse la cantidad invertida y quedarse con un palmo de narices. Quién no oye tan autorizada voz.

Se acuesta el asustado padre de familia dándole vueltas y más vueltas a la prevención, y no a la esposa que duerme ajena al problema, y de pronto se incorpora cabreado al recordar a aquellos financieros privados que en su día ofrecieron altas tasas de intereses y, es cierto, lo dejaron en la lipidia. Pues sí, tiene razón.

Más la cabrea caer en la cuenta de que el Comité no hizo igual recomendación antes de que algunos de sus afiliados le estafaron así. Y pierde definitivamente el sueño cuando compara lo que le cuesta el préstamo obtenido en el banco y la discordante baja tasa de interés que producen sus ahorros. No lo entiende.

Llega a la mañana siguiente al trabajo, revisa la prensa y logra calmar sus nervios. Nada. Ningún recurso logra detener la emisión de los bonos. ¿Y entonces? Claro -le dice un compañero- si la Corte está vendida al oficialismo. ¿Verdad que sí? Y, además, una vez emitidos los bonos ¿tendría retroactividad su anulación?

Oye, dame el teléfono del general que tanto habla de la irretroactividad de la ley. Dos días más, y llegó el domingo. Sigue ignorante e indeciso, pero parece que el par de huevos del desayuno dominical le están cayendo bien. A tal punto que olvidó hoy el tema. Pues nada, tío, póngales huevos, y a ver qué tal le va.

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