Vida

Ochenta artistas alrededor del Mundial 98

El arte y el fútbol pueden parecernos mundos completamente diferentes.

Y hasta opuestos, aunque existan numerosos artistas, pintores o escritores apasionados por este deporte. Nuestra sociedad es de más en más una sociedad lúdica en donde la cultura y el deporte comparten el tiempo dedicado al esparcimiento. ¿El fut es una fiesta?. Sí, la fiesta donde casi está prohibido prohibir, es una fiesta en la comunión del exceso, la orgía y el éxtasis.

En este juego se trastocan casi todos los valores. En la Edad Media, en la alucinante fiesta llamada ?fiesta de locos?, se elegía a Obispos y al Papa al más libertino, todo casi estaba permitido, se decía la misa al revés, se cantaba en falso, se jugaba a los dados al pie del altar, como lo hicieron lo soldados romanos al pie de la cruz. La razón de la fiesta en las grandes reuniones (peregrinajes o mítines) es la absoluta comunión que debe existir entre los que participan.

Roger Caillois ha demostrado en su libro ?El hombre y lo Sagrado?, cómo numerosos juegos actuales descansan sobre creencias perdidas, o se repiten en el vacío ritos olvidados, ahora sin ninguna significación, por ejemplo, ?nuestro? barrilete, originario de la China, representaba el alma de su propietario, el alma en la frágil armazón de papel que sin defensa ante las corrientes del viento, podía ser víctima propicia del destino.

El fútbol se podría conexionar con la disputa del ?Sol? o el balón entre dos tribus antagónicas. Fútbol juego sacralizado, juego ritual, que nos baste ver las ?olas?, en donde miles de hombres con los brazos en alto se mueven con una cadencia bien orquestada, existe una clara incantación en estos movimientos.

En los antiguos carnavales de la Edad Media, jóvenes se disfrazaban de animales, con la cara pintada, rodaban al acecho de los que se divertían sanamente.

Fiestas trágicas si se quiere, pero habían risas y cantos, ¿no hacen esto hoy los temibles hooligans? Eso sí, sin las risas. ¿Cómo se desfogan los ?hinchas? cuando llegan al estadio?, llegan con la cara y el pelo pintado con los colores del país de origen, en general, estos ?hinchas? se desenfrenan, ya sea que su equipo gane o pierda, se tiran papeles, o lo que sea, se quema lo que se puede, se insulta, se llega al caos, tratan de transmitir un poco de salvajismo a sus héroes (jugadores).

A muchos artistas les sedujo la idea de esta exhibición, como si al participar en el mundial hubieran encontrado una relación más inmediata y más cercana al público.

En estas obras la energía y la emoción se unen, la confrontación entre la admiración y el odio se mezclan. Los artistas africanos se aventuran en tierras peligrosas de la ilustración, pero la alegría y el humor triunfan. Julio La Parc, con un pequeño poema completa su maravillosa obra. Jos Decok, con una escultura concretiza al juego, Antoni Clavé transforma el ritmo en colores. Para M. Chevalier, el fútbol es una de las mejores metáforas de la sociedad actual, Ray Charles toma al ?icono? principal o se al balón, con humor y fantasía.

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