Aleph
Sobrelegislados, sobrediagnosticados y paralizados
Guatemala está sobrediagnosticada y sobrelegislada, y a pesar de ello, paralizada.
Más allá de algunas leyes que realmente promueven la justicia y nacieron bien intencionadas, hay cientos de leyes obsoletas, otras que nacieron mal intencionadas y que no han sido actualizadas o que han sido desprovistas de los colmillos suficientes para cumplir su propósito. Leyes inútiles hechas o aprobadas, tantas veces de prisa y a oscuras, que hoy adornan la Dirección Legislativa del Congreso de la República y benefician a un Estado sostenido por el lawfare y la corrupción.
¿Por qué no mejor comenzar por limpiar la Dirección Legislativa?
Por otra parte, cientos de consultorías carísimas han buscado diagnosticar y ordenar a Guatemala en el camino hacia una democracia que no se alcanza. Muchas de ellas siguen hoy engavetadas en escritorios y oficinas. Consultorías para diagnosticar, generar líneas estratégicas de trabajo o evaluar proyectos e instancias nacionales, con el fin de determinar su importancia y la necesidad de hacer cambios sustantivos estratégicos, que nadie se atreve luego a impulsar o que se quedan a medio camino en su ejecución.
Guatemala está sobrediagnosticada y sobrelegislada, y a pesar de ello, paralizada, porque la política, la corrupción, la ignorancia y la falta de una sólida institucionalidad nos tienen de rodillas. Se siguen lanzando iniciativas y promoviendo leyes en el Congreso, porque de eso y de fiscalizar la función pública viven las y los diputados. Pero ¿por qué no mejor comenzar por limpiar la Dirección Legislativa? En el ámbito de las leyes, tanto como en el de las políticas, más que solo hacer nuevas, se podría comenzar por revisar, depurar, actualizar, reformar e implementar lo que ya existe.
En materia legislativa, hay reformas e iniciativas urgentes a impulsar, como las del Sector Justicia, la Ley Electoral y de Partidos Políticos, la de Servicio Civil, la de Educación Integral en Sexualidad, entre otras. Podríamos comenzar, por ejemplo, por eliminar o reformar la Ley de Aceptación de Cargos, un claro mecanismo de impunidad, diseñado a la medida del Pacto de Corruptos.
Otro ejemplo es la Ley de Comisiones de Postulación, un modelo agotado que llevó dos veces, vía fraude, a un usurpador Mazariegos a ser rector de la Usac y ayudó a mantener a una corrupta Porras como fiscal general del Ministerio Público (MP) por 8 años. La idea original de esta ley no era mala: se buscaba que la academia, los colegios profesionales y los magistrados participaran en estos procesos, para evitar el control directo del pacto de corruptos sobre los partidos políticos. Pero el control directo recayó, desde entonces, en un sistema de justicia que se politizó y corrompió, así como sucedió con muchos comisionados.
Lo que ha pasado en las elecciones de segundo grado evidencia las fallas del sistema de justicia y de esta ley en particular. Hace 26 años, el Rey del Tenis, exesposo de Zury Ríos, incidió en las cortes y dejó la CC que tenemos hasta hoy: una corte corrupta, al servicio de los dueños del país. No quedó entonces su exsuegro como presidente, pero ya se habían manipulado las piezas del tablero judicial y se debilitaba aún más la independencia judicial. Eso abrió la puerta para el secuestro de las comisiones de Postulación, que hasta hoy siguen definiendo la elección de funcionarios públicos para puestos clave. El caso de Mafiariegos y de buena parte de su ilegal Consejo Superior Universitario, bendecidos por la anterior CC y tres magistrados de la actual, más el respaldo de universidades de cartón, es un claro ejemplo de esta cooptación.
A ver si los del Pacto de Corruptos, que se opusieron a la reforma de la ley del MP para que el Presidente Arévalo no sacara a Porras desde el inicio, aún habiendo sobradas razones, presionarán ahora para modificar esa ley, con el fin de que la próxima persona que ocupe la silla en el Guacamolón (le rezan a Luzbel para que sea alguien de su gusto), pueda sacar al recién electo fiscal Gabriel García Luna, a la primera de cambio, y poner a su siguiente peón en ese puesto clave, desde donde se han promovido y sostenido la corrupción y la impunidad. Necesitamos ir caso por caso y ley por ley revisando, sin prisa pero sin pausa, lo que debemos reimaginar, crear, reformar o tirar, porque hay una población muy desgastada, viendo cómo el sistema normaliza las estructuras de la corrupción.