Aleph

La narrativa preelectoral

Saltaron las liebres y, con ellas, sus conocidas narrativas preelectorales.

Todavía no estamos en campaña electoral y ya saltaron las liebres. Viejos y nuevos rostros del ámbito político comienzan a aparecer en los cartones de la lotería electoral del 2027 y la especulación se abre paso entre una multitud siempre dispuesta a consumir pan y circo. Las redes abundan ya en mensajes, donde algunos candidatos se presentan como la única solución para el país. ¿Se recuerdan de cuando Guatemala atravesó una grave ola de asesinatos de pilotos del transporte público y sus “brochas”, antes de que Otto Pérez Molina, con su promesa de mano dura, asumiera la Presidencia el 14 de enero de 2012?

No se necesita ser uno de esos consultores para saber que llevamos décadas de corrupción.

Aquella ola dejó un alto número de personas asesinadas y se vinculó, principalmente, con las extorsiones de las maras y pandillas. Se incrementó antes de las elecciones generales y generó la percepción de una crisis de inseguridad y violencia que tuvo un peso definitivo en la campaña electoral del general Pérez, ya que los votantes pidieron seguridad y mano firme. En este 2026, guardando las distancias, ha comenzado a suceder algo que podría ser similar; la percepción de la violencia comienza a incrementarse a partir de hechos que, casualmente, suceden solo meses antes de que la campaña del 2027 se inicie formalmente. Que no nos extrañe que los imitadores de dictador tropical salgan ya a la palestra a asegurar que nos liberarán de todo mal.

Según el informe comparativo 2025-2026 del estado de situación de los primeros cuatro meses de este año, emitido por el Ministerio de Gobernación, hubo una mejora real en el indicador más sensible: homicidios. Comparando el período del 1 de enero al 19 de abril de 2025 con el mismo período de 2026, los homicidios bajaron de 945 a 779. Es decir, 166 menos, equivalente a una reducción de 18%. En el mismo lapso de tiempo, la incidencia criminal también se redujo de cuatro mil 747 casos a cuatro mil 698. Entonces, ¿por qué recién comienzan, de nuevo, a producirse más hechos de violencia? ¿Es porque ya se abrió la pasarela electoral? ¿O porque están tocando más a las maras?

La narrativa preelectoral se construye mucho antes de unas elecciones y sigue un proceso bien estudiado. Primero, los interesados piden a los expertos hacer un diagnóstico de las preocupaciones más sentidas de la población. No se necesita ser uno de esos consultores para saber que, en Guatemala, llevamos décadas de corrupción, impunidad, violencias, pobreza multidimensional, desempleo, falta de salud, entre mucho más. Luego de ese diagnóstico del ánimo social, cada candidato/a define, con su equipo, el conflicto central que buscaría resolver (aunque sea de mentiritas). 

A partir de allí, se crea un relato sencillo que toda la población entienda; generalmente se usan frases fáciles de digerir y recordar, a lo largo de toda la campaña.  A continuación, el/la candidato/a es presentado como héroe salvador y nombra públicamente quién es su enemigo (la violencia, las élites, el gobierno…). La narrativa se repite una y otra vez en las redes y otros espacios, y aunque puede integrar nuevas variables, no pierde la coherencia. Lo que busca, al final, es tocar las emociones de la ciudadanía, vincularnos a preocupaciones “reales”, explicar problemas complejos de forma simple, proponerse como una esperanza y captar votantes. Hoy, los marcos narrativos definen más elecciones que las propuestas de los partidos, y siguen siendo, en su mayoría, relatos que legitiman el poder.

Saltaron las liebres y, con ellas, sus conocidas narrativas preelectorales. Qué predecibles los candidatos y las candidatas, siempre con las mismas historias y los mismos mecanismos seculares para captar votantes. Pero, también, tan predecible la población que sigue consumiendo, acríticamente, el mismo pan y el mismo circo de los mismos de siempre. Qué fastidio.

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, defensora de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas