Imagen es percepción

Llegar a casa, misión imposible

El paso a desnivel del campo Marte es quizá el mejor ejemplo de una intervención que merece ser revisada.

En Guatemala hemos terminado aceptando como normal lo que debería ser intolerable. Miles de personas salen de sus trabajos y tardan dos, tres y hasta cuatro horas en llegar a casa. Horas detrás de un volante que se convierten en combustible desperdiciado, cansancio, estrés, menor productividad y, sobre todo, tiempo que nadie podrá devolverles. El tráfico ya es un problema de calidad de vida.


La capital está sometida diariamente a una enorme presión vehicular; más de 2.8 millones de vehículos se movilizan en la ciudad. Justamente, por esta saturación vehicular, cada decisión sobre movilidad debe planificarse con extraordinaria precisión. En una ciudad al límite, cambiar un semáforo, reducir un carril o modificar una vía pueden alterar kilómetros enteros de circulación y afectar a miles de personas.


Durante los últimos años hemos visto semáforos llamados “inteligentes”, carriles reversibles, cambios de vías, cierres, pasos a desnivel y constantes modificaciones en la circulación. Sin embargo, desde la experiencia cotidiana de muchos automovilistas, estas acciones parecen haber producido exactamente lo contrario, más congestionamiento y desorden.


Hay puntos donde antes se circulaba razonablemente bien y, después de estas medidas, comenzaron las filas. Si los semáforos son inteligentes, los resultados también deberían poder demostrarse. ¿Cuánto tardaba un vehículo en atravesar determinada intersección antes y cuánto tarda ahora? Esa información debería ser pública. Porque la tecnología no se justifica por su nombre, sino por sus resultados.


El paso a desnivel del Campo de Marte es quizá el mejor ejemplo de una intervención que merece ser revisada. Una vía que antes funcionaba razonablemente se convirtió en un verdadero pandemónium, pese a ser un punto estratégico donde converge el tráfico de la carretera a El Salvador, zona 16 y zona 18. Hoy el congestionamiento se extiende durante buena parte del día y en horas pico se vuelve insoportable. Si una obra destinada a mejorar la movilidad termina complicándola, alguien debe explicar qué falló en la planificación.

Llegar a casa se ha convertido en una odisea diaria. Entre obras, cierres y pésimas decisiones viales.


Lo mismo ocurre con los carriles reversibles. Son una herramienta útil para administrar el tránsito en horas pico, pero necesitan algo elemental: “comunicación”. Un conductor no debería descubrir que una calle cambió de sentido, que un carril desapareció o que una ruta fue cerrada cuando ya está atrapado en la cola. La Municipalidad dispone hoy de redes sociales, tecnología y suficientes medios para mantener una comunicación mucho más cercana con los vecinos y advertir con anticipación sobre cierres, desvíos y rutas alternativas.


A ese escenario se agregan ahora las obras del AeroMetro. El proyecto pretende ofrecer una nueva alternativa de transporte, pero su construcción ha obligado a reducir carriles y modificar la circulación en algunos sectores. Toda gran obra provoca molestias. Lo que una buena planificación debería evitar es convertir esas molestias en improvisación para miles de ciudadanos.


Cada semáforo, reversible, cambio de vía u obra debería terminar con una evaluación pública capaz de responder algo muy sencillo, ¿mejoró o complicó el tránsito?


Una ciudad congestionada no puede administrarse a prueba y error. Cada decisión afecta a miles de personas y debería responder a estudios técnicos, mediciones anteriores y posteriores, y una planificación capaz de anticipar consecuencias.


La Municipalidad puede medir su gestión en obras o proyectos inaugurados. El vecino la mide de otra manera, por las horas de vida que pierde cada día atrapado en el tráfico. Mientras esas horas sigan aumentando, será difícil convencerlo de que la ciudad realmente se está moviendo hacia delante.

ESCRITO POR:

Brenda Sanchinelli

MSc. en Relaciones Internacionales e Imagen Pública. Periodista, experta en Etiqueta. Dama de la Estrella de Italia. Foodie, apasionada por la buena mesa, compartiendo mis experiencias en las redes.