Meta Humanos

¿Quién gana cuando Guatemala pierde?

El verdadero cambio llegará cuando comprendamos que existen causas más grandes que nuestras diferencias.

Hoy escribo con un mensaje muy claro: dejemos de dividirnos para empezar a construir. La táctica de divide y vencerás ya no nos sirve. No cuando los mismos males siguen afectándonos a todos; no cuando la capacidad de discernir se está perdiendo; no cuando llevamos demasiado tiempo alimentando narrativas de odio que nos han convencido de que el ciudadano que piensa diferente es nuestro adversario.


Guatemala necesita otra conversación. Durante años hemos construido relatos políticos alrededor de una frontera sencilla: los buenos y los malos, los propios y los otros. Una estrategia antigua de acumulación de poder que permite delimitar apoyos, identificar detractores y mantener a la sociedad permanentemente movilizada alrededor de un conflicto.


El problema es que, cuando la política convierte la confrontación en su principal mecanismo, dejamos de discutir cómo transformar el país y comenzamos a discutir quién merece tener la razón. Y mientras tanto, los problemas permanecen. Los mismos problemas terminan golpeando a una población que, paradójicamente, ha sido dividida para defender posiciones que muchas veces no cambian su realidad.


Por eso necesitamos recuperar algo que parece sencillo, pero que hemos ido perdiendo: la apertura mental. No significa pensar igual. Significa comprender que podemos discutir sin convertirnos en enemigos. Que cuestionar no es traicionar. Que cambiar de opinión no es una derrota. Y que construir acuerdos no significa abandonar nuestras convicciones.


También significa entender que quienes ocupan espacios de poder tienen una responsabilidad distinta. Los diputados no deberían entrar al Congreso para profundizar los conflictos que ya existen en la sociedad, sino para trabajar por el bienestar de la Guatemala que todos merecemos y que tantos años llevamos esperando.


No podemos seguir tratando cada propuesta como una batalla entre bandos.


Hay decisiones que no pueden seguir postergándose. La discusión sobre una reforma constitucional, por ejemplo, debería ser parte de una conversación seria sobre el país que queremos construir y sobre las instituciones que necesitamos para hacerlo posible. Y junto con ella deben plantearse otras reformas capaces de fortalecer nuestra institucionalidad, mejorar la representación, proteger nuestras libertades y construir un Estado que responda verdaderamente a la ciudadanía.


No podemos seguir tratando cada propuesta como una batalla entre bandos. Hay momentos en los que la política exige algo más que ganar una discusión: exige tener la capacidad de construir.


El verdadero cambio no llegará cuando un grupo consiga derrotar definitivamente al otro. Llegará cuando comprendamos que existen causas que son más grandes que nuestras diferencias. Una educación digna. Instituciones que funcionen. Libertad para discutir. Justicia. Seguridad. Oportunidades. Un Estado que responda. Un país donde quedarse sea una posibilidad y vivir con dignidad no sea un privilegio. Hay suficientes causas que deberían de ser nuestros puntos de encuentro.


Quizá Guatemala no necesita que pensemos igual. Necesita que podamos pensar distinto y, aun así, trabajar juntos por aquello que nos pertenece a todos. Porque el sueño guatemalteco no puede ser la victoria de un bando sobre otro. Tiene que ser la construcción de un país en el que las nuevas generaciones no tengan que heredar las mismas divisiones, los mismos conflictos y las mismas frustraciones.


Todavía podemos cambiar el rumbo. Pero para hacerlo tendremos que dejar de utilizar la diferencia como una herramienta de confrontación y empezar a utilizarla como una oportunidad para construir mejores respuestas.

ESCRITO POR:

Meybel Amaya

Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales, con especialización en Migración, Abogacía Comunitaria. Además, formación en Gobierno Abierto y Derechos Humanos

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