A contraluz
La caída de un manipulador ultraderechista
Fernando Cerimedo manipulaba las redes sociales para lanzar información falsa en procesos electorales.
La noche del 17 de agosto, en las cercanías de un hotel de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, la abogada Nadia Beller fue atacada a balazos por dos sicarios. Ese atentado, que pudo haber pasado como una nota roja más, desencadenó un escándalo por toda América Latina. La víctima señaló como responsable intelectual del intento de homicidio a su expareja, el consultor político y estratega digital Fernando Cerimedo.
Todas las luces enfocaron al implicado en ese hecho criminal por una sencilla razón: había desarrollado una vertiginosa carrera que lo llevó a ser uno de los principales responsables del triunfo electoral del argentino Javier Milei, del chileno José Antonio Kast, del hondureño Nasry Asfura y del boliviano Rodrigo Paz. Además, era copropietario de La Derecha Diario, un medio digital vinculado con la ultraderecha latinoamericana. Toda una celebridad que ahora había enfilado sus baterías hacia los procesos electorales de Guatemala y México. Su captura desbarató sus planes y habría permitido conocer que sus tentáculos iban más allá de sus asesorías.
El consultor fue detenido cuando se disponía a huir a su país, Argentina, para lograr la protección de Milei. Es investigado por los delitos de intento de feminicidio y enriquecimiento ilícito. Sin embargo, la fiscalía boliviana le agregó un nuevo cargo: presunto tráfico de drogas y encubrimiento del narcotráfico por medio de avionetas.
Cerimedo no era un consultor político tradicional, sino que había construido una especie de internacional ultraderechista para incidir en las elecciones de varios países. Lo que en su tiempo se señaló a Fidel Castro de tratar de exportar el comunismo por la vía armada, este consultor lo hacía con medios no convencionales.
Este consultor estuvo tras los triunfos de la ultraderecha en Argentina, Chile, Bolivia y Honduras.
En el pasado, la política latinoamericana se organizaba alrededor de partidos y medios tradicionales. El nuevo ecosistema político, en el que se inserta Cerimedo, había añadido otra capa: consultores, influencers, operadores digitales, granjas de trolls y redes sociales coordinadas, capaces de instalar narrativas falsas contra sus adversarios políticos.
El propio Cerimedo reconoció a la BBC que utilizaba miles de trolls para realizar campañas negativas. Una granja de trolls es una estructura que utiliza cuentas falsas en redes sociales para manipular la opinión pública. Una granja es una instalación de centenares de computadoras interconectadas que envían información a las redes sociales y hacen creer que son personas reales, cuando se trata de bots (códigos o algoritmos) automatizados. Sirven para lanzar un mismo mensaje en forma viral, atacar coordinadamente a un adversario político, difundir rumores o información falsa, responder masivamente a periodistas, políticos y usuarios. El propio Cerimedo reconoció al diario argentino La Nación que realizaba campañas negativas para divulgar información perjudicial contra los candidatos rivales.
Su próximo asalto manipulador iba a ser en las elecciones legislativas de México, en el 2027. Al respecto, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, dijo que “han ganado así elecciones en América Latina, a través de esta propagación de noticias falsas que es muy difícil de contrarrestar porque tienen mucho dinero y esquemas de operación”.
Si no lo hubieran capturado, Cerimedo habría dado hoy una conferencia en Guatemala, invitado por la ultraderechista Liga Pro Patria. Paradójicamente el evento al que iba a venir se llama “Cumbre para la integridad electoral”. O sea, un manipulador de la opinión pública, presunto responsable de un feminicidio e implicado en trasiego de drogas iba a venir al país a dar cátedra de probidad electoral.