Imagen es percepción

La línea roja que Moscú no debe cruzar

La inesperada visita del director de la CIA a Moscú revela hasta dónde ha escalado la tensión entre Rusia y la Otán.

Las guerras no siempre comienzan con tanques cruzando una frontera. A veces empiezan mucho antes, con informes de inteligencia, advertencias privadas y emisarios enviados discretamente para comunicar al adversario que existe una línea que no debe cruzarse.


El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú y se reunió con Serguéi Narishkin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior ruso. Vladímir Putin no participó. Pero lo importante no fue el viaje, sino el mensaje.


La reciente publicación de The Wall Street Journal reveló que, Ratcliffe fue enviado para advertir a Rusia de que no ataque a ningún miembro de la Otán. La advertencia responde a evaluaciones de inteligencia según las cuales Moscú podría intentar probar la cohesión de la Alianza con una acción limitada.


Washington no ha confirmado oficialmente ese propósito. El presidente Donald Trump calificó el viaje de “semirrutinario” y negó que respondiera a planes rusos contra la Otán. Queda entonces en el aire una pregunta: ¿qué información consideró Washington suficientemente seria para enviar al director de la CIA a Moscú?


Las miradas se dirigen hacia Estonia, Letonia y Lituania (países bálticos). Una provocación allí no tendría que parecerse a la invasión de Ucrania. Podría comenzar con un ciberataque, sabotaje, una operación híbrida o una pequeña incursión territorial. El objetivo podría no ser conquistar territorio, sino comprobar hasta dónde llega la unidad de la Otán.

Detrás del discreto viaje del director de la CIA a Moscú, aparece un escenario que Occidente lleva años intentando evitar.


Ese es el corazón del problema. El artículo 5 establece que un ataque armado contra un aliado será considerado un ataque contra todos. Si Rusia demostrara división o vacilación ante una agresión limitada, quedaría comprometida la credibilidad de la arquitectura de seguridad que ha protegido a Europa durante décadas. Pero una respuesta contundente podría abrir aquello que Occidente ha intentado evitar desde 2022: una confrontación directa entre Rusia y la Otán. Dos bloques con armas nucleares frente a frente.


Mientras Ratcliffe llevaba su mensaje a Moscú, Rusia elevaba todavía más la temperatura. Este jueves advirtió de que podría atacar instalaciones y equipos militares británicos dentro y fuera de Ucrania en respuesta al uso de misiles Storm Shadow contra objetivos rusos. Reino Unido pertenece a la Otán. No es un anuncio de ataque contra suelo británico, pero demuestra cuánto se desdibujan las fronteras del conflicto.


Hay otra pieza. CBS y ABC informaron que Ratcliffe también abordó el tema de Irán. Washington enfrenta así crisis conectadas: Rusia, Ucrania, Europa, Irán y el estrecho de Ormuz forman parte de un tablero más complejo. Una escalada simultánea iría mucho más allá. Petróleo, comercio, mercados e inflación transmitirían sus consecuencias al resto del planeta.


Existe un antecedente difícil de ignorar. En noviembre de 2021, el entonces director de la CIA, William Burns, viajó a Moscú por encargo del presidente Joe Biden para advertir sobre los preparativos rusos contra Ucrania. Tres meses después comenzó la invasión a gran escala.


La historia no tiene por qué repetirse. Pero las grandes crisis rara vez comienzan cuando se dispara el primer misil. Mucho antes aparecen señales y advertencias cuyo verdadero significado solo comprendemos después.


Por eso quizá la noticia más inquietante no sea lo que Ratcliffe dijo en Moscú, sino que Washington considerara necesario enviarlo. Cuando las advertencias abandonan los canales ordinarios de la diplomacia y pasan directamente a manos de los jefes de inteligencia, significa que alguien contempla escenarios que no se atreve a pronunciar públicamente. Esta vez, la línea roja conduce directamente hasta la Otán.

ESCRITO POR:

Brenda Sanchinelli

MSc. en Relaciones Internacionales e Imagen Pública. Periodista, experta en Etiqueta. Dama de la Estrella de Italia. Foodie, apasionada por la buena mesa, compartiendo mis experiencias en las redes.